Francisco José Perlaza Montoya, documentalista del estallido social
Una biblioteca en La Loma
Luis ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Francisco José Perlaza Montoya, (Cali Valle, 1997), bachiller del Colegio de Santa Librada y Comunicador Social de la Universidad Autónoma de Occidente, con Maestría en Estudios Culturales de la misma Alma Máter, es un joven escritor y documentalista, cuyos primeros trabajos registran los hechos sociales y culturales de la ciudad: Charrupí Remix (video clip, 2018); Los extraordinarios.
Fundación Pandebonium (documental 2019); Lectura en voz alta (documental 2021); Vamos que mamá nos espera en casa (codirector documental 2021); El bochal (documental 2023).
Además de su gusto por la imagen, su vocación literaria quedó probada en Precocidades, libro que publicó en 2018. Es admirador de la producción poética de los Nadaistas y del legado narrativo de Andrés Caicedo.
Es apasionado investigador de los movimientos sociales y observador crítico de los desarrollos políticos. Francisco José Perlaza Montoya, le habló al Diario Occidente sobre su documental “Una biblioteca en La Loma”, que se estrenó el pasado 29 de abril de 2023 al aire libre en la Loma de la Cruz.
¿Vocación por la comunicación y el cine?
Estas nacen desde la necesidad de participar en los debates y discusiones que nos interpela la política, la economía y hasta las formas de darnos amor.
Esto explica la razón de mi largometraje documental como una oportunidad para que continúen las conversaciones y entender lo que nos pasó, proponiendo incluso una mirada más específica, territorial, siendo el cine y las plataformas virtuales las herramientas para llevar a cabo esa conversación.
Resulta en el marco del trabajo de grado de la maestría en Estudios Culturales, titula “Una Biblioteca en la Loma”, documental que hace parte de una plataforma multimedia, que se enfoca en recopilar la memoria sobre lo que pasó en La Loma de la Dignidad alrededor de la biblioteca popular que se gestó en la cima.
¿Motivaciones para su documental?
La Loma de la Cruz ha sido un punto de referencia que me ha permitido participar de las diferentes expresiones artísticas que se manifiestan en la ciudad.
Fui testigo de cómo en el estallido social se resignificó como Loma de La Dignidad y el movimiento cultural de la ciudad encontró lugar en la biblioteca popular.
El entorno se transformó con acciones populares que tejieron dignidad: las ollas comunitarias, las huertas urbanas, los talleres artesanales del Colectivo Cultural y pedagógico.
Con mi documental participo en la construcción de la memoria histórica.
Mi pasión como cineasta me impulsó a la autogestión, pidiendo donaciones, sacrificando almuerzos y contando con unos pocos buenos amigos de andanzas universitarias, que creyeron en el proyecto y me ayudaron en puntos concretos de la producción.
¿Investigación y producción?
El proceso de investigación etnográfica duró 2 años, desde el momento que comenzó el estallido social y visité la Biblioteca de La Dignidad.
Quedé enamorado de lo que estaba pasando, participé de algunas de las actividades, entrevisté a las personas que habitaron el espacio, tanto los que estaban de acuerdo, como algunos que estaban en contra.
Eso me permitió articular la historia que se presenta en el documental “Una biblioteca en La Loma”.
El estallido social fue un punto de inflexión, donde lo cultural fue también protagonista de lo que ocurrió durante esos meses y consideré importante contarlo.
¿Observó cambios culturales postconflicto?
Lo ocurrido durante el estallido social trajo consigo la posibilidad de leer los espacios públicos de una manera diferente. Renacen las reflexiones profundas, aunque el espacio de la biblioteca fue retomado, y el símbolo del poder estatal, que es el CAI fue restaurado, continúan estos espacios.
La Biblioteca de La Dignidad reabrió sus puertas desde el 27 de diciembre del 2022 en uno de los módulos del primer piso de la loma, y desde ese momento el espacio se ha prestado para traer conversatorios, talleres, emprendimientos populares y demás gestiones que han ratificado la necesidad de existencia de estos espacios que le permitan a las personas expresar las posturas políticas y culturales que están por fuera de la matriz cultural impuesta por el modelo económico neoliberal, que tanto condiciona nuestras formas de relacionarnos.
Hoy la biblioteca de la Dignidad está abierta para que toda persona que quiera, pueda contribuir desde sus saberes a la transformación cultural de la ciudad.
¿Impacto del público en el estreno?
Hubo diversas manifestaciones durante el estreno, unas bastante efusivas, otras reflexivas, pero lo ocurrido en el estallido social fue algo que nos conectó como comunidad víctima de la represión estatal que se vivió.
Recordar esos momentos a través de ese documental trajo lágrimas, revivió la indignación que se sentía en el 2021, pero abrió la posibilidad de analizar con esperanza el pasado y pensar que lo que se luchó no fue en vano.
¿Actualidad del movimiento documentalista?
Es evidente que se necesita mucho apoyo para estos proyectos, para que la gente crea de verdad en ellos. Hay muchas investigaciones sobre la realidad social que necesitan ser contadas.
Con imágenes debemos narrar las interpelaciones de las clases sociales, la economía, la televisión y demás hechos que nos llegan en las noticias. Nuestras formas de ver el mundo tienen que profundizarse, porque de estas conversaciones, dependerán los cambios que tanto necesitamos los colombianos.