Libromanía
Verano
J.M. COETZEE
MONDADORI
255 PÁGINAS
Desde que leí esta novela que se supone es una autobiografía o esta autobiografía que se supone es una novela, quedé enganchado con la producción literaria de este escritor.
No solo por lo original de su forma de escribir sino además por los temas que ha desarrollado a través de su larga carrera literaria, por lo que se le concedió el premio Nobel, en donde a través de ellos se nos muestra el ser humano literario y el hombre normal con sus aventuras y frustraciones pero con una honradez, a toda prueba.
De esto es lo que trata Verano. Absortos, nos introducimos en un arriesgado juego narrativo en el que el lector se hace partícipe de todo lo que en él se muestra y aunque a pesar de ser un libro duro y lleno de aristas es, a la vez, trágicamente divertido. Esto es un paliativo que endulza la lectura.
Este autor sudafricano, que mantiene una relación de amor-odio con su tierra, pareciera que a través de todo ese engranaje termina ofreciéndonos una visión del hombre mucho más humana, más realista, más visceral y, por lo tanto, llena de contrastes.
¿Cómo narra Coetzee todo esto? A través de un joven biógrafo inglés, el señor Vincent, quien trata de indagar sobre el personaje realizando entrevistas y conversaciones con personas que mantuvieron alguna relación con él biografiado.
Allí es cuando aparecen cuatro mujeres: Julia, Margot, Adriana y Sophie quienes hablan sin tapujos sobre lo que pudieron entender y comprender de un hombre que a veces era duro y huraño y otras, amoroso y comprensible.
Pero llama la atención la relación que mantuvo con su padre. Una relación dura y patética y que en algunos momentos se convertía en una carga difícil de llevar.
El padre cae enfermo, casi moribundo, y el hijo exclama: “No puedo enfrentarme a la perspectiva de cuidar de ti día y noche. Voy a abandonarte. Adiós”. Lo hacía porque al cuidarlo, tenía que dejar a un lado algunos proyectos personales, uno de ellos el de escribir.
Esta es, sin lugar a dudas, una novela a corazón abierto. Sin ambages, Coetzee nos entrega una historia con la entereza que puede ofrecer un escritor que pone su pluma al servicio del hombre, de su alma y de su corazón.