Vivir para sanar

¿Y si estás cansada no por lo que haces… sino por todo lo que cargas emocionalmente?

Foto: Pexels
viernes 27 de junio, 2025

El cuerpo no miente. Puedes dormir 8 horas y seguir agotada. Comer bien, hacer ejercicio… y sentir que algo dentro de ti pesa toneladas.

Ese cansancio no es físico. Es emocional. Y muchas veces, no es tuyo, pero lo estás cargando igual.

La ciencia ha empezado a estudiar el “cansancio emocional crónico”.

Es ese desgaste que no tiene causa médica aparente, pero que afecta todo: ánimo, productividad, relaciones.

Es como si estuvieras siempre al borde del llanto… pero sin saber por qué.

Las causas son muchas:

Cargas invisibles: responsabilidades que asumes por costumbre o por culpa.

Dolores no procesados: duelos, heridas, traiciones que no tuviste tiempo de llorar.

Herencias emocionales: traumas familiares que arrastras sin darte cuenta.

Ambientes tóxicos: trabajos o relaciones que desgastan tu energía vital.

Y lo más común: vivir en modo sobrevivencia. Siempre corriendo, siempre cumpliendo, siempre sosteniendo a otros… hasta que tú te desmoronas.

Este tipo de cansancio se siente así:

Te levantas sin energía, incluso tras dormir.

Te irritas fácilmente por cosas mínimas.

Nada te entusiasma realmente.

Sientes que no tienes “espacio mental”.

Tu cuerpo se vuelve pesado, lento, apagado.

¿Qué hacer?

Aprende a decir no sin culpa.

Deja de ser la rescatadora de todos.

Habla. El silencio cansa más que cualquier palabra.

Llora. Llorar es limpiar.

Busca espacios donde puedas ser tú, sin exigencias.

Recuerda: no todo lo que cargas es tuyo. Y no tienes que demostrar nada para merecer descansar. A veces, el alma solo pide que la abracen sin condiciones.


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