Cali, febrero 27 de 2025. Actualizado: jueves, febrero 27, 2025 19:56

Alberto Ramos Garbiras

Emigrantes, inmigrantes, deportados y ultrajados

Alberto Ramos Garbiras

El emigrante sale voluntariamente de su país para buscar opciones de trabajo, oportunidades, desea materializar sus ilusiones, lograr movilidad social, ayudar a sus familiares que no pueden salir, etc.

El inmigrante entra a otro país esperando obtener la aprobación, llenar los requisitos de la documentación exigida, o clandestinamente trabajar hasta encontrar un apoyo o una norma que lo favorezca.

Los éxodos en América Latina han sido dramáticos por Centro América, forcejeando con los coyotes en la frontera mexicana, perseguidos por autoridades sin consideración alguna.

No son delincuentes y los tratan como criminales.

Son desterrados y ultrajados sin considerar el respeto a los derechos humanos que rigen y están en la carta fundacional de la ONU.

Otro aspecto es el de los refugiados que salen de su país a causa de una guerra o están amenazados(como sucede con los desplazados internos).

Y otro tema son los asilados que tienen un régimen jurídico diferente.

Los deportados se producen por decisiones judiciales y una vez agotado el debido proceso.

Los extraditados también, previo tratado internacional suscrito por los Estados para definir el juzgamiento y el cumplimiento de las penas.

Los colombianos recientemente deportados por el gobierno de Donald Trump no fueron tratados como lo ordena la ONU y el derecho internacional.

No hubo debido proceso y los derechos humanos pisoteados.

La reclamación del Presidente Gustavo Petro se basó en la dignidad de los seres humanos y en la carta de derechos humanos en lo interno y lo externo.

Y en la negación del derecho a la circulación sin ser juzgadas las personas, solo por xenofobia y racismo extremo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU, en 1948, enuncia en el Preámbulo, que considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones; Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.

Y contiene en sus artículos 13 y 14 el siguiente mandato:

1. Artículo 13 / Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14/ 1.

En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

En pleno siglo XXI el mundo conoce y está presenciando la construcción de murallas de contención para no dejar avanzar a los vecinos, separarlos, excluirlos, segregarlos y al final matarlos.

Empezando la segunda guerra mundial, los alemanes construyeron el muro de Varsovia para aislar a los judíos, confinarlos, maltratarlos, reducirlos y luego deportarlos a cinco campos de concentración como el de Treblinka.

Al finalizar esa abominable guerra, el muro de Berlín se construyó a fin de separar dos poblaciones bajo la bipolaridad desprendida de los acuerdos de Yalta y Postman.

También vemos hoy fronteras resguardadas por ciclópeos muros levantados entre la India y Pakistán, entre Kuwait e Irak´, la barrera entre Uzbekistan y Afganistán, en medio de las dos coreas/Paralelo 38, en Chipre dividida en dos, entre Zambia y Angola, en Macedonia, el muro en la vía Anelli (Italia).

Y el muro o valla inmensa con la frontera mexicana.

En total son casi 70 muros en el mundo.

Todos con el argumento de la defensa nacional, para evitar el paso de actores armados, terroristas, guerrilleros, fundamentalistas, militantes islámicos, invasores, inmigrantes indeseables, refugiados, desplazados vecinales; bajo la visión de la amenaza a la seguridad ciudadana y laboral: xenofobia y racismo.

Estamos ante la neobarbarización de las relaciones por la inutilidad de los linderos territoriales para separar los espacios estatales, la disfuncionalidad de la soberanía y la inoperancia del Derecho Internacional Público.

El gobierno de Israel construyó un muro en la zona de Cisjordania, proyectado a 700 kilómetros de largo, para aislar a los palestinos en confrontación desde la última intifada.

El muro ha avanzado muchos kilómetros confiscando tierras, dañando suelos, recursos naturales, incomunicando poblados y afectando la libre circulación.

Y en Gaza la situación empeoró hasta llegar a la guerra de exterminio.

La comunidad internacional está asombrada: una humillación e infamia pública.

De nuevo se prueba la ineficacia de la justicia internacional.

La decisión de la Corte Internacional de la Haya no fue acatada.

La decisión de la Asamblea General de la ONU, tampoco.

Y eso que la ONU le dio vida al Estado de Israel.

El unilateralismo cunde en las relaciones internacionales, la soberanía se diluye y los conflictos se barbarizan como en la antigüedad.

Sigue pendiente que el orden mundial se recupere con el multilateralismo, pero los gobiernos de autócratas de diferentes ideologías están dándole oxigeno al neoliberalismo y así se cruzan los intereses de empresario y multinacionales que apuntalan a déspotas para que les protejan los negocios y por ello la geopolítica está tomado un rumbo acompasado a esos intereses.

Esta crisis por los miles de refugiados sin atención constituye un drama humanitario impresionante que, dejó a la Unión Europea al descubierto ante el mundo, al verse claramente que el bloque de países más “civilizados” del planeta no tiene la capacidad de asistencia humanitaria y dejó colapsar el sistema internacional de protección de los derechos humanos que se instaló en la ONU.

Esto está ocurriendo por la falta de decisiones acertadas, por el temor de muchos países al sentirse invadidos de hambrientos que no pueden o no quieren atender, por la xenofobia aumentada ante el temor de infiltrados terroristas, por el racismo reverdecido, por los mercados laborales copados, etc.

Pero sobre todo porque no se ha diseñado una política pública paneuropea de atención humanitaria que, debe partir de ajustar el derecho de asilo para ingresar a las personas con un nivel de protección adecuado.

La concentración de refugiados en campos, instalaciones, aislados por vallas y medidas militares permite la lectura de la crisis y la comprensión de cómo las guerras irresueltas, de los conflictos de Oriente y África, son el principal factor de los éxodos forzados.

Se revive así la historia de los campos de concentración nazis que, sin el exterminio con la cremación hoy, están degradando la dignidad humana; pisoteando todos los derechos, afectando la calidad de vida de quienes tenían un entorno al menos estable y soportable.

Ahora la incertidumbre por su paradero y destino final no está siquiera determinado: sin protocolos de retorno, reinstalación o asentamientos más dignos.

Esta situación los coloca de hecho en la esfera del precariado como una variable de esa clase social porque al Salir de sus ciudades y países perdieron todo incluida la posición de clase a la que pertenecían.

La xenofobia, donde quiera que ocurra, es una forma de segregación vitanda, execrable, que implica una violación a los derechos humanos, al mal trato, al desconocimiento a la libertad de circulación, etc., todo “amparado” en las normas de inmigración, de protección de los mercados laborales, defensa interna, etc., entonces, estamos presenciando una lenta globalización de la xenofobia, extendida en Europa, en parte de los EEUU y otros estados, apuntalada por sus promotores en la protección mercantil, el llamado proteccionismo de las economías que riñe con el espíritu mismo de la globalización la promoción del turismo, los llamados a la universalización de los derechos humanos.

El nacionalismo es un fenómeno que se presenta bajo diferentes revestimientos, en aras de preservar los ancestros raciales, culturales, por la defensa de la lengua, la religión, las fronteras, los orígenes patrios, etc., el nacionalismo conlleva a la xenofobia.

Una manifestación inicial es el rechazo al trato interpersonal, pasando a la exclusión laboral, le segregación, los ghettos, luego, las golpizas contra los extranjeros dan paso a los linchamientos callejeros: la hoguera xenofóbica se vuelve un polvorín para eventuales confrontaciones armadas.

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viernes 31 de enero, 2025
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