Cali, abril 5 de 2025. Actualizado: viernes, abril 4, 2025 23:34
“Inocencia” la seria de Netflix que abrió el debate
Incels: la cultura del odio que florece en la oscuridad de internet
El estreno de Adolescencia en Netflix ha vuelto a poner sobre la mesa un fenómeno tan inquietante como real: la cultura incel.
La serie, basada en hechos reales, narra el asesinato de una niña a manos de un compañero de colegio de 13 años, un crimen que dejó al descubierto la temprana radicalización de adolescentes dentro de comunidades en línea donde el odio hacia las mujeres se normaliza.
Pero el caso de Adolescencia no es aislado.
La misoginia digital, alimentada por la frustración y la sensación de exclusión, ha dado lugar a una subcultura que no solo predica el resentimiento, sino que ha sido el motor detrás de múltiples ataques violentos en los últimos años.
¿Quiénes son los incels y por qué su discurso ha trascendido los foros de internet para convertirse en una amenaza real?
Durante las últimas dos décadas, internet ha dado voz a comunidades marginadas, ofreciendo espacios para la conexión, la empatía y el apoyo mutuo.
Pero también ha servido como caldo de cultivo para subculturas profundamente tóxicas.
Una de las más inquietantes es la de los incels —abreviatura de “involuntary celibates” o “célibes involuntarios”—, un grupo de hombres que afirman no poder establecer relaciones sexuales o románticas con mujeres, a quienes culpan de su situación.
Aunque en su origen fue una comunidad de apoyo, hoy representa una peligrosa ideología misógina que ha cruzado el umbral de la violencia simbólica hacia actos criminales y mortales.
El origen: de comunidad de apoyo a trinchera de odio
La historia comienza en los años 90, cuando una mujer canadiense creó un foro llamado “Alana’s Involuntary Celibacy Project” para que personas con dificultades para establecer relaciones pudieran compartir experiencias y apoyarse.
Lo que empezó como una red empática, con el tiempo fue cooptado por hombres que canalizaron su frustración hacia las mujeres.
El viraje fue radical: lo que antes era una búsqueda de entendimiento, se convirtió en una ideología que promueve el resentimiento y la misoginia.
Los foros incel más conocidos, como incels.co o el desaparecido subreddit r/incels, se convirtieron en espacios donde miles de usuarios intercambiaban ideas misóginas, celebraban asesinatos cometidos por otros incels y difundían teorías de conspiración sobre la supuesta tiranía sexual ejercida por las mujeres.
Un lenguaje propio y violento
Los incels han desarrollado una jerga que refuerza su visión del mundo.
Términos como Chad (hombre físicamente atractivo y exitoso con las mujeres) y Stacy (mujer joven, hermosa, superficial) representan a los supuestos responsables de su desgracia.
A sí mismos se llaman truecels, doomers o blackpilled —estos últimos aludiendo a una visión nihilista y sin esperanza de la realidad, que justifica el odio hacia las mujeres y la resignación a una vida sin amor ni sexo.
Este lenguaje no solo deshumaniza, sino que también contribuye a la radicalización.
Como se revela en el análisis lingüístico de foros incel, el discurso está plagado de metáforas bélicas, descripciones animales de las mujeres, y una narrativa constante de victimización que puede derivar en violencia real.
La radicalización y el paso a la violencia
La ideología incel no se limita al plano simbólico. Ha dejado una estela de sangre.
Elliot Rodger, considerado mártir por la comunidad, asesinó a seis personas en Isla Vista, California, en 2014, antes de suicidarse.
Dejó un manifiesto donde declaraba su odio hacia las mujeres por rechazarlo sexualmente.
Desde entonces, se han documentado múltiples ataques vinculados directa o indirectamente a la comunidad incel.
En 2018, Alek Minassian atropelló a decenas de personas en Toronto, matando a diez; en 2020, el gobierno canadiense catalogó por primera vez la ideología incel como terrorismo motivado por el odio a las mujeres.
De acuerdo con el informe sobre tiroteos masivos, muchos atacantes no solo comparten características como la misoginia, sino también el consumo de contenido online misógino como parte del proceso de radicalización.
Se trata de jóvenes, en su mayoría blancos, que encuentran en internet un eco constante a sus frustraciones y odios, en lugar de ayuda profesional o redes de apoyo emocional.
Psicología del resentimiento
Estudios como An Exploratory Study of Incels’ Dating App Experiences, Mental Health, and Relational Well-Being revelan que los incels muestran altos niveles de depresión, ansiedad, baja autoestima y una profunda desconexión social.
Muchos de ellos han sufrido acoso escolar, rechazo social y traumas familiares.
Pero en vez de procesar ese dolor, lo proyectan hacia afuera, alimentados por el discurso de odio colectivo.
En lugar de buscar ayuda, estos jóvenes caen en un círculo vicioso: cuanto más tiempo pasan en estas comunidades, más se refuerza la idea de que el problema no es interno, sino externo —es la sociedad, el feminismo, las mujeres.
Se aferran a la idea de que la genética, y no sus conductas o habilidades sociales, determina su destino.
Así, se blindan contra cualquier intento de cambio, aceptación o crecimiento personal.
El papel de las plataformas digitales
El auge de los incels no sería posible sin la permisividad de plataformas digitales que durante años ignoraron el discurso de odio que se cocinaba en sus rincones.
Aunque algunos foros han sido cerrados, los usuarios migran a otros espacios menos regulados.
Reddit, 4chan, Telegram y otras plataformas han servido como refugio de este ecosistema.
Los algoritmos también juegan un rol crucial: al promover contenido que maximiza la interacción, terminan dirigiendo a jóvenes vulnerables hacia comunidades radicales, donde encuentran un sentido de pertenencia, aunque sea basado en el odio.
¿Qué se puede hacer?
La lucha contra el fenómeno incel debe ser multidimensional.
Es urgente una mejor regulación del contenido misógino en plataformas digitales, así como políticas que atiendan la salud mental de los jóvenes, en especial los varones que se sienten alienados o excluidos del sistema de relaciones sociales.
Además, es fundamental promover modelos alternativos de masculinidad, alejados de la dominación sexual, el control y la fuerza.
Mostrar que hay muchas formas de ser hombre —y que ninguna de ellas justifica la violencia— es un paso esencial para desarticular estos discursos.
Los incels son el síntoma de un malestar profundo que atraviesa nuestra cultura.
Nacen de la frustración, pero se alimentan del odio.
Su existencia nos interpela como sociedad: ¿qué tipo de espacios estamos creando para que los jóvenes encuentren sentido, pertenencia y afecto? ¿Qué sucede cuando los dejamos solos, frente a pantallas que solo devuelven su dolor convertido en furia?
El caso de los incels no es solo un asunto de subcultura digital; es un espejo oscuro donde se reflejan el machismo, la exclusión y la fragilidad emocional de una generación que, ante el rechazo, no busca comprender, sino castigar.