Cali, septiembre 26 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 25, 2026 21:16

Una señal en la noche

Luciérnagas en peligro de extinción: ¿por qué están desapareciendo y cuáles son las principales amenazas?

Luciérnagas en peligro de extinción: ¿por qué están desapareciendo y cuáles son las principales amenazas?
Foto: ChatGPT
viernes 25 de septiembre, 2026

Durante años, ver pequeños destellos entre árboles, jardines y zonas húmedas formó parte de las noches en diferentes regiones del mundo.

Sin embargo, ese espectáculo pierde presencia. Científicos de distintos países advierten sobre la disminución de numerosas especies y algunas luciérnagas están en peligro de extinción, en medio de transformaciones ambientales que afectan directamente su supervivencia.

La pérdida de sus hábitats, el exceso de iluminación durante la noche y el uso de pesticidas encabezan las amenazas.

A estos factores se suman el cambio climático, la contaminación del agua, la recolección de ejemplares y determinadas prácticas turísticas.

El problema trasciende la desaparición de sus destellos: estos insectos también cumplen funciones dentro de los ecosistemas.

No son moscas

Pese a que en inglés reciben el nombre de fireflies, o “moscas de fuego”, las luciérnagas son escarabajos. Pertenecen al orden de los coleópteros y a la familia Lampyridae.

Se conocen alrededor de 2.000 especies distribuidas en casi todos los continentes, excepto la Antártida.

Asia y América concentran una parte importante de su diversidad en regiones tropicales y templadas.

Colombia, Brasil, México, Malasia y Tailandia figuran entre los países donde habitan estos insectos, cuyo ciclo de vida transcurre entre el huevo, la larva, la pupa y finalmente la etapa adulta.

Gran parte de esa existencia ocurre lejos de las luces que llaman la atención de las personas.

Una luciérnaga puede permanecer como larva durante varios meses e incluso uno o dos años.

En ese tiempo vive entre la hojarasca, bajo el suelo, en madera en descomposición o, dependiendo de la especie, dentro del agua.

La etapa adulta resulta mucho más corta y generalmente dura apenas unas semanas. Muchas especies casi no se alimentan durante ese periodo y concentran su actividad en reproducirse.

Precisamente allí entra en escena el destello que las convirtió en uno de los insectos más reconocibles durante la noche.

Un código luminoso

La luz de una luciérnaga no aparece por casualidad. Una reacción química denominada bioluminiscencia ocurre en órganos especiales situados en la parte final del abdomen.

En ella intervienen luciferina, luciferasa, oxígeno y ATP, que permiten generar luz con una pérdida reducida de energía en forma de calor.

Pero esos destellos también funcionan como un sistema de comunicación.

Cada especie maneja patrones propios de duración, intensidad, color y ritmo.

Mientras los machos vuelan y emiten señales, las hembras suelen permanecer entre la vegetación y responden cuando reconocen el patrón de un ejemplar de su especie.

Incluso existen poblaciones donde miles de machos sincronizan sus destellos, como ocurre en determinados bosques de Estados Unidos y manglares del sudeste asiático.

Esa dependencia de las señales luminosas también permite entender uno de los principales problemas que enfrentan actualmente.

Cuando llega la luz

La iluminación artificial altera las condiciones nocturnas necesarias para su comunicación.

Alumbrado público, viviendas, edificios, anuncios y vehículos aumentan la cantidad de luz presente precisamente durante las horas en las cuales estos insectos necesitan identificar sus señales.

Los experimentos mencionados en la información disponible muestran que la luz artificial reduce los destellos de cortejo y dificulta el encuentro entre machos y hembras.

Como consecuencia, también puede disminuir su reproducción. Algunas especies activas durante el anochecer presentan una vulnerabilidad particular ante este fenómeno.

La contaminación lumínica forma parte de las tres amenazas principales identificadas por investigadores en un estudio publicado en 2020 en la revista BioScience.

El trabajo, basado en consultas a especialistas de diferentes países, también señaló la pérdida de hábitat y los pesticidas.

Pierden su hábitat

Bosques, praderas húmedas, orillas de ríos, humedales y manglares proporcionan condiciones necesarias para distintas especies.

La transformación de estos lugares en ciudades, carreteras, zonas industriales, monocultivos o potreros reduce los espacios donde pueden desarrollarse.

El desplazamiento tampoco siempre representa una alternativa.

Algunas especies presentan movilidad limitada y existen hembras que ni siquiera pueden volar.

Por esa razón, la desaparición de un hábitat puede dejar a una población sin posibilidades de trasladarse hacia otro espacio.

El problema también aparece bajo tierra. Las larvas consumen principalmente caracoles, babosas y lombrices, pero los insecticidas y otros productos utilizados en agricultura, jardines y fumigaciones pueden llegar al suelo y al agua.

Los molusquicidas, además, reducen parte de su alimento.

El clima influye

Las variaciones en temperatura y lluvia agregan otra presión.

Muchas luciérnagas dependen de ambientes húmedos y las sequías prolongadas pueden secar los suelos donde permanecen las larvas.

Los cambios de temperatura también pueden modificar los periodos de aparición de los adultos y afectar su reproducción.

Las especies acuáticas enfrentan otro escenario. La contaminación de ríos y arroyos mediante aguas residuales, fertilizantes o residuos industriales altera sus ambientes.

En zonas costeras y manglares, además, el aumento del nivel del mar representa otra amenaza señalada para determinadas poblaciones.

El turismo también puede convertirse en un problema cuando carece de manejo adecuado.

El tránsito de visitantes puede provocar pisoteo en lugares donde permanecen larvas y hembras, mientras linternas y flashes interfieren con sus señales. La captura de ejemplares añade presión sobre poblaciones silvestres.

Una alerta ambiental

La desaparición de las luciérnagas no solo significa perder un espectáculo nocturno.

Sus larvas ayudan a controlar poblaciones de caracoles y babosas y, al mismo tiempo, estos insectos forman parte de las cadenas alimenticias de otros animales.

Además, funcionan como bioindicadores por su sensibilidad ante la contaminación, los cambios en la humedad y la iluminación artificial.

Su presencia suele relacionarse con condiciones como suelos sanos, agua limpia y noches oscuras.

Por eso, una disminución puede acompañar transformaciones en los ecosistemas donde viven.

Determinar la magnitud del problema todavía presenta dificultades.

Muchas especies, principalmente en regiones tropicales, ni siquiera cuentan con una descripción científica.

Las evaluaciones realizadas en Norteamérica identificaron especies amenazadas y otras sobre las cuales todavía no existe información suficiente para establecer su situación.

Cómo protegerlas

Las medidas planteadas comienzan por conservar y restaurar bosques, humedales, manglares y orillas de ríos.

En jardines y parques, mantener plantas nativas, hojas secas, vegetación y troncos en descomposición también puede proporcionar espacios utilizados por larvas y hembras.

Reducir luces exteriores innecesarias, utilizar sensores de movimiento, dirigir la iluminación hacia el suelo y disminuir el uso de pesticidas son otras acciones.

Durante actividades turísticas, evitar capturas, linternas y flashes permite reducir las alteraciones sobre las poblaciones observadas.

La ciencia ciudadana también aporta información mediante el registro de avistamientos, mientras la educación ambiental permite divulgar las condiciones que necesitan estos insectos.

Así, la situación de las luciérnagas en peligro de extinción pone el foco no solamente sobre sus destellos, sino sobre los suelos, el agua y las noches donde comienza su ciclo de vida.


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