Cali, junio 2 de 2026. Actualizado: martes, junio 2, 2026 16:48
Abelardo de la Espriella: las razones de una victoria que cambia la política colombiana
La victoria de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta presidencial no puede entenderse únicamente como el triunfo de un candidato.
Es, sobre todo, la consolidación de una forma distinta de hacer política, comunicar ideas y conectar con un sector importante del electorado colombiano.
Durante años, las campañas presidenciales en Colombia estuvieron marcadas por la dependencia de grandes estructuras partidistas, alianzas burocráticas y respaldos tradicionales.
De la Espriella decidió recorrer un camino diferente. Su principal fortaleza fue presentarse como un outsider, un empresario exitoso, con independencia económica y capacidad financiera para construir una campaña bajo sus propias reglas, sin la necesidad aparente de depender de las maquinarias políticas tradicionales.
Su discurso de ruptura fue claro desde el primer día. Rechazó la política tradicional como eje central de su narrativa y construyó una candidatura alrededor de la idea de independencia.
Sin duda, existen políticos que lo acompañan, pero en comparación con otras campañas, logró rodearse de figuras menos conocidas y con menores niveles de desgaste ante la opinión pública.
Esa decisión le permitió fortalecer una imagen de renovación que conectó con millones de ciudadanos cansados de los mismos protagonistas de siempre.
Pero quizás el factor más determinante fue su capacidad para interpretar a un electorado que históricamente ha tenido una identidad política clara dentro de la derecha colombiana.
Durante décadas, buena parte de ese voto estuvo representado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Sin embargo, en esta ocasión, ese caudal electoral no terminó consolidándose alrededor de Paloma Valencia y encontró en Abelardo de la Espriella una nueva representación política.
La campaña entendió que los ciudadanos no solamente votan por propuestas. También votan por emociones, símbolos y atributos. Allí radica uno de los grandes aciertos estratégicos de esta contienda.
Hubo espectáculo, música, colores, cercanía con la gente, patriotismo y una narrativa emocional permanente. Mientras otros candidatos intentaban posicionar temas, la campaña de De la Espriella logró apropiarse de conceptos poderosos como orden, autoridad y seguridad.
Una vez esos atributos quedaron asociados a su candidatura, sus adversarios tuvieron enormes dificultades para disputárselos.
Además, esta elección deja una lección importante para quienes estudian el marketing político en Colombia.
La campaña demostró que ya no es indispensable depender exclusivamente de los grandes medios de comunicación para construir relevancia nacional. La estrategia digital fue protagonista.
El uso de redes sociales, formatos audiovisuales y herramientas de inteligencia artificial permitió amplificar mensajes con una velocidad y una efectividad pocas veces vistas en una campaña presidencial colombiana.
Muchos de los contenidos que circularon durante la campaña alcanzaron niveles de calidad sobresalientes.
Evidentemente, no toda la viralidad puede atribuirse a una estrategia centralizada, pues siempre existe participación espontánea de simpatizantes y comunidades digitales.
Sin embargo, el resultado general permite concluir que detrás de la candidatura existió un equipo profesional, robusto y profundamente comprometido con su objetivo electoral.
También quedó en evidencia una virtud fundamental de cualquier campaña exitosa: la claridad sobre el producto político que se está ofreciendo.
El equipo de Abelardo de la Espriella supo identificar quién era su candidato, cuáles eran sus fortalezas y qué esperaba escuchar el electorado al que se dirigía.
Hace algunos meses tuve la oportunidad de conversar con Carlos Suárez en este espacio.
Hoy, los resultados permiten afirmar que se convierte en uno de los grandes ganadores de esta contienda desde el punto de vista de la consultoría política nacional.
Ahora comienza una batalla definitiva. Restan apenas 19 días para la segunda vuelta del 21 de junio. Solamente uno de dos candidatos llegará a la Presidencia de la República.
Por un lado, Iván Cepeda, quien representa para muchos sectores la continuidad del actual proyecto político de gobierno.
Por el otro, Abelardo de la Espriella, quien independientemente del resultado final ya se consolidó como el principal líder de oposición y como un serio aspirante a convertirse en el próximo presidente de Colombia.
Finalmente, quiero enviar un mensaje de reconocimiento a quienes trabajaron en las campañas que no alcanzaron el objetivo de llegar a la segunda vuelta.
A los equipos de Paloma Valencia, Sergio Fajardo, Claudia López y demás candidaturas que quedaron en el camino.
Las derrotas electorales son difíciles, duelen profundamente y muchas veces desacomodan proyectos personales y colectivos. Sin embargo, así funciona la democracia.
Alguien gana, alguien pierde, y al final lo importante es que sea la voluntad de los ciudadanos la que decida el rumbo del país.
