Cali, septiembre 10 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 10, 2026 04:00
Cambio de rumbo
Los poetas y los cantores han comparado a Cali con una hermosa mujer, por su cadencia, su dulzura y ese no se que embriagador y alucinante.
Tienen toda la razón, adentrarse en sus calles, bulevares, sitios culturales, en una noche calurosa y refrescarse con el viento que baja de la cordillera es algo sinigual.
Pero muy en voz baja, Cali en los últimos años parece signada por la fatalidad de algunas espléndidas mujeres de la literatura, que llevan aparejado a su talle un destino inexplicablemente difícil.
Efectivamente, llevamos varios remezones que nos han tomado por sorpresa y casi no nos dejan respirar.
La pandemia, nos encerró entre cuatro paredes y cuando vimos de nuevo el sol, fueron muchas las secuelas emocionales, familiares, económicas y sociales.
Aprendimos a cuidar nuestra salud, a convivir con la virtualidad y sobre todo a entendernos en familia o deshacer lo que ya no podía ser.
Luego el estallido social, que convirtió a Cali en epicentro de controversias nacionales que debieron evitarse con meros ejercicios de consenso y racionalidad.
Aun cuando la responsabilidad política de esta debacle aún no se ha decantado, nos quedó un lema, un paradigma inquebrantable, “nunca más debe volver a suceder”.
Ahora, el terremoto, nos enfrentó con la finitud del ser humano.
Ricos y pobres, jóvenes y viejos, blancos, afros, indígenas, hombres y mujeres, en escasos segundos podemos ser atrapados por el final de la vida.
Aprendimos tantas cosas, entre ellas que no hay tiempo para seguir peleando entre nosotros, que ayudar al otro es ayudarse a uno mismo, que nada es perpetuo, todo es transitorio, que debemos hacer las cosas al derecho y no al revés.
Se que esta ardua tarea los caleños ya la comenzamos. Que finura de sus gentes. Pero debemos seguir porque el camino es largo.
Hay que retomar definitivamente los valores fundacionales en forma permanente, la solidaridad no debe ser una contingencia, el civismo es un hábito que nos caracterizo largo tiempo y debe volver, la cooperación con el vecino, ese “guárdate una sopita para el vecino que está enfermo, ve”, la convivencia en la familia, donde los problemas se dialogan, no se gritan, los bazares del barrio para mejorar la canchita.
Tantas cosas que se nos estaban olvidado.
Tenemos que borrar los antivalores, el fanatismo, la polarización que hasta dejo familias partidas en dos y solo se reconciliaron en un abrazo post terremoto, la corrupción que nos hace desconfiar de nuestros dirigentes, la cultura del dinero fácil que culmina en la muerte temprana de nuestros jóvenes, la violencia, la desigualdad y tantas cosas que cuando nos enfrentamos a un terremoto se nos convierten en un terrible cargo de conciencia.
Todos tenemos algo que aportar. Hay que seguir dando. Quizás además de esas ayudas que se compran, aquello que nos demanda tiempo, cercanía con el otro, llorar con la tragedia de alguien que no conocías.
Algunas pildoritas para iniciar el cambio de rumbo:
Cuántos profesionales, técnicos y tecnólogos estamos reunidos en asociaciones profesionales, cooperativas, grupos de amigos en redes sociales que organizadamente podemos donar atención profesional, consulta técnica, acompañamiento al menos una tarde a la semana.
Entendamos, cambiar el rumbo de Cali es un proceso largo y es conveniente prestar servicio social voluntario.
En las iglesias, previo a las prédicas u homilías, expertos en temas cruciales como la atención psicológica postraumática, el salvamento de empresas y personas naturales a nivel económico, primeros auxilios, atención de mascotas abandonadas o nerviosas, reconstrucción de viviendas, pueden regalarnos diez o quince minutos de valiosa información y luego al final de la misa o el culto, atender algunas personas.
Sonreír al vecino que no te habla, ayudar al anciano que sube las escaleras en nuestra unidad, preguntarse si el vecino esta pasando trabajos y ofrecerle ayuda, regalar esa linterna que nos sobra al vigilante de la cuadra.
En fin, hay tanto por hacer cuando se trata de un cambio de rumbo.
