Cali, enero 27 de 2026. Actualizado: lunes, enero 26, 2026 22:54

Célimo Sinisterra

Cinqué: el negro que se rebeló en el barco contra los esclavistas

Célimo Sinisterra

La historia oficial suele recordar a los grandes imperios, a los presidentes y a los tratados, pero pocas veces honra a quienes, con el cuerpo encadenado, sin comida, sin abrigos y el alma en rebeldía, decidieron no aceptar la injusticia como destino.

Uno de esos hombres fue Cinqué, un agricultor africano natural de Sierra Leona, en África, convertido por la violencia del colonialismo en símbolo universal de resistencia.

Cinqué nació alrededor de 1814 en lo que hoy es Sierra Leona. No fue un guerrero ni un político: era un campesino, esposo y padre de tres hijos.

Pero en 1839, su vida fue arrancada de raíz cuando fue secuestrado por traficantes portugueses y encerrado en la nave esclavista Tecora, violando los tratados que ya prohibían el comercio de personas. De allí fue llevado a Cuba, donde fue vendido como mercancía junto a más de cien africanos a dos comerciantes negreros españoles.

El plan era simple y cruel: trasladarlos en la goleta La Amistad para explotarlos en los ingenios azucareros. Pero Cinqué no aceptó ese destino.

El 2 de julio de 1839 lideró una rebelión que cambió la historia. En medio del terror y la desesperación, los cautivos se sublevaron, mataron al capitán y al cocinero, y tomaron el control del barco. Estos valientes negros no luchaban por venganza: luchaban por volver a casa.

Engañados por los comerciantes españoles, el barco navegó erráticamente hasta llegar a las costas de los Estados Unidos.

Allí, los africanos no fueron recibidos como hombres libres, sino como criminales. Fueron acusados de motín y asesinato.

Sin embargo, gracias a intérpretes que hablaban su lengua y a abogados que escucharon su verdad, el caso se convirtió en un juicio histórico que ganaron los negros. Sin embargo, el veredicto fue apelado y los negros regresaron a juicio. Esta vez, su abogado fundamentó los argumentos donde pidió la captura del capitán del barco y su tripulación.

La sentencia favorable llegó en 1840, cuando la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció que Cinqué y sus compañeros habían sido raptados ilegalmente y tenían el derecho legítimo de luchar por su libertad.

La participación del expresidente John Quincy Adams fue decisiva.

Contra los intereses de España y contra el miedo político del propio gobierno estadounidense, la justicia afirmó algo elemental: nadie puede ser propiedad de otro ser humano.

Cinqué y sus compañeros regresaron a África

En 1842, Cinqué regresó a África. Pero no volvió a un paraíso, sino a una Sierra Leona sacudida por la guerra y la pobreza.

Su rastro se fue perdiendo entre el comercio, las misiones religiosas y los rumores.

Incluso intentaron manchar su nombre diciendo que había sido esclavista. Sin pruebas, esas versiones hoy se consideran falsas. A los poderosos siempre les incomoda que un oprimido se convierta en símbolo; eso es envilecimiento étnico.

Cinqué no dejó palacios ni monumentos —esto último jamás lo harán por el racismo sistémico—. Este negro rebelde dejó algo más importante: un acto de dignidad que atravesó océanos y siglos en un mundo que lo trató como objeto.

En una época donde la esclavitud era ley, lo que hizo este negro se convirtió en conciencia.

En este mismo episodio se logró demoler con cañonazos la prisión de Lomboko, una notoria fábrica de esclavizados y fortaleza comercial en la Sierra Leona actual, controlada por españoles como Pedro Blanco, famosa por su papel en la trata transatlántica de negros y por aparecer en la película Amistad.

Ese día se liberaron a los esclavizados en un ataque naval británico en 1849, destruyendo la instalación. Es bueno aclarar que este lugar no era una prisión moderna en el sentido convencional, sino un centro de detención y clasificación para el comercio de negros, algo así como la isla de Gorée en Senegal.

Recordar esta odisea de Cinqué es más que un acto histórico. Es un acto político y moral.

Porque, mientras existan nuevas formas de esclavitud, la voz de Cinqué seguirá preguntándonos si estamos del lado de la suntuosidad o del lado de la libertad.

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