Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 19:54

Tania Fernández Sánchez

¿Cómo te fue en internet hoy?

Tania Fernández Sánchez - Concejal de Cali

Hay una pregunta que llevamos generaciones haciéndoles a nuestros hijos apenas cruzan la puerta: “¿Cómo te fue hoy?” La hacemos cuando llegan del colegio, de la universidad, de una fiesta o de un entrenamiento.

Queremos saber qué hicieron, con quién estuvieron, si algo los hizo felices o si pasó algo que los preocupó. Es casi un reflejo.

Pero el mundo de nuestros hijos ya no cabe completo en esa pregunta.

Y creo que hoy necesitamos hacerles una segunda: ¿Cómo te fue en internet hoy? Sé que puede sonar raro decirlo así, pero cada vez tiene más sentido.

Los niños y adolescentes de hoy no construyen sus relaciones solamente en el colegio, el barrio o la casa.

Una parte importante de su vida también ocurre detrás de una pantalla. Allí conversan, juegan, aprenden, se entretienen y hacen amigos.

Pero también allí se comparan constantemente con otros, pueden sufrir ciberacoso, recibir mensajes de desconocidos, encontrarse con contenidos que no deberían ver o simplemente pasar muchas más horas conectados de las que ellos mismos —o nosotros— alcanzamos a notar.

Lo que pasó esta semana en Estados Unidos me parece una buena oportunidad para empezar esta conversación en casa.

Meta, la empresa dueña de Facebook e Instagram, llegó a un acuerdo con una amplia coalición de fiscales generales de ese país para resolver demandas que la señalaban de diseñar funciones que podían fomentar el uso compulsivo entre menores y afectar su bienestar.

Hay que decirlo con claridad: Meta niega haber actuado mal.

Pero lo acordado también merece que lo miremos con atención.

La compañía pagará hasta 18.000 millones de dólares en los próximos diez años y tendrá que implementar cambios para los menores de 18 años en Estados Unidos.

Uno de los que más me llama la atención es un límite de dos horas diarias de uso acumulado entre Facebook e Instagram para los adolescentes, que solo podrá desactivarse con autorización de los padres.

También habrá restricciones durante la madrugada, notificaciones silenciadas en horario escolar y controles de edad más estrictos, entre otras medidas.

Con esto sobre la mesa, creo que ya no tiene mucho sentido seguir preguntándonos si las redes sociales son buenas o malas.

Esa no es realmente la pregunta.

La tecnología nos ha traído enormes oportunidades y ya hace parte de la vida de nuestros hijos, para bien y para mal.

El problema aparece cuando los adultos pensamos que acompañarlos significa solamente saber dónde están físicamente.

Un hijo puede estar sentado tranquilamente en su cuarto y, al mismo tiempo, estar pasando por algo muy difícil a través del teléfono que tiene en la mano.

Podemos saber exactamente dónde está y no tener idea de qué le está pasando.

Ese, para mí, es el verdadero llamado de atención.

Durante años les enseñamos a nuestros hijos a no hablar con extraños en la calle.

Hoy también tenemos que enseñarles a reconocer los riesgos de los extraños que aparecen detrás de una pantalla.

Pero tampoco creo que la respuesta sea declararle la guerra a los celulares. Prohibir no reemplaza acompañar.

Necesitamos padres que entiendan mejor el mundo digital de sus hijos, colegios capaces de identificar a tiempo el ciberacoso y otras señales de riesgo, jóvenes que sepan pedir ayuda cuando algo no está bien y políticas públicas que incluyan el bienestar digital en la conversación sobre salud mental. Y, sobre todo, necesitamos datos.

En Cali deberíamos saber cuánto tiempo pasan realmente nuestros niños y adolescentes en las redes, qué situaciones están enfrentando allí, cómo está afectando esto su sueño, qué tanto ciberacoso existe y qué relación puede haber entre algunas experiencias digitales y las consultas de salud mental que estamos atendiendo.

No se trata de culpar a internet de todos los problemas emocionales de los jóvenes.

Eso sería irresponsable.

Se trata de reconocer que hoy existe un nuevo escenario de convivencia y que los adultos también tenemos que aprender a movernos en él.

Las grandes plataformas saben muchísimo sobre nuestra actividad digital: cuánto tiempo pasamos conectados, qué vemos, dónde hacemos clic y qué contenidos logran atraparnos.

Quizás ya es hora de que nosotros sepamos un poco más sobre la vida digital de nuestros hijos.

No a escondidas. No interrogándolos como si fueran sospechosos. Simplemente conversando con ellos.

Por eso quiero proponer algo que no cuesta nada y que podemos empezar a hacer desde esta misma noche.

Cuando lleguen a casa y les preguntemos: “¿Cómo te fue hoy?”, agreguemos cinco palabras: “¿Cómo te fue en internet hoy?” Puede que respondan simplemente: “bien”.

Puede que no tengan ganas de hablar del tema, pero tal vez, algún día, esa pregunta tan sencilla les abra la puerta para contarnos algo que necesitaban decir y que nosotros todavía no habíamos aprendido a preguntar.

En una época en la que nuestros hijos viven buena parte de su vida frente a una pantalla, acompañarlos también significa estar presentes en ese mundo.

Y para estar presentes, primero hay que preguntar.

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miércoles 9 de septiembre, 2026
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