Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: miércoles, octubre 28, 2026 13:42
Compremos Salvajina, pero ¿qué ganaría realmente Cali?
La posibilidad de que Emcali entregue su participación accionaria en Celsia a cambio de la hidroeléctrica de Salvajina merece una discusión mucho más profunda que la simple idea de recuperar para lo público una infraestructura estratégica.
No se trata de cuestionar el valor de la represa ni su importancia para la región.
Se trata de establecer si estamos frente a una oportunidad real de fortalecimiento empresarial o ante un negocio cuyos beneficios podrían estar siendo sobreestimados.
Y para ello hay una pregunta que debería orientar toda la discusión: ¿qué podría hacer Emcali siendo propietaria de Salvajina que no pueda hacer hoy sin necesidad de comprarla?
Salvajina cumple funciones fundamentales.
Genera energía, contribuye a regular el caudal del río Cauca y ayuda a mitigar los riesgos de inundaciones y los efectos de las temporadas secas.
Su importancia para Cali y el Valle del Cauca es indiscutible.
Sin embargo, esas funciones ya se cumplen y están sujetas a obligaciones técnicas y ambientales que no desaparecen ni cambian automáticamente por el nombre del propietario.
Por eso, presentar la adquisición como una solución para la seguridad hídrica de Cali exige demostrar qué beneficios adicionales recibirían los ciudadanos.
¿Tendríamos agua de mejor calidad? ¿Menores riesgos de desabastecimiento? ¿Una reducción comprobable de las tarifas? ¿Mayor capacidad de respuesta frente a las sequías? Y, sobre todo, ¿cuáles de esos resultados dependen realmente de comprar la represa y no pueden alcanzarse mediante inversiones, convenios o una mejor coordinación institucional?
El argumento de la autonomía energética también merece examinarse.
Tener generación propia puede ofrecer ventajas, especialmente frente a la volatilidad de los precios de la energía.
Pero producir electricidad no significa necesariamente hacerlo a menor costo ni garantizar tarifas más bajas para los usuarios.
Además, estamos hablando de una hidroeléctrica que entró en operación hace más de cuarenta años.
Su antigüedad no la convierte en obsoleta, pero sí obliga a preguntarnos cuánto costará mantenerla competitiva durante las próximas décadas.
Modernizar turbinas, actualizar equipos, conservar la infraestructura y gestionar los riesgos asociados al embalse puede representar compromisos financieros importantes.
Mientras tanto, el sector energético atraviesa una transformación acelerada.
La generación solar, los sistemas de almacenamiento, las redes inteligentes y las nuevas tecnologías están modificando las condiciones del mercado.
La hidroelectricidad seguirá siendo relevante, pero resulta legítimo preguntarse si concentrar una inversión patrimonial de semejante magnitud en una sola central es la decisión más conveniente frente a otras alternativas de generación y diversificación.
Aquí aparece, quizás, la mayor preocupación: las finanzas de Emcali.
Entregar las acciones que posee en Celsia no significa adquirir Salvajina gratuitamente.
Significa desprenderse de un activo que tiene valor, genera derechos económicos y representa una participación en un negocio energético diversificado.
A cambio, Emcali asumiría directamente los riesgos operativos, climáticos, tecnológicos y financieros de una infraestructura específica.
Por eso no basta con anunciar cuánto podría facturar la hidroeléctrica.
Es indispensable conocer cuánto dinero quedaría realmente después de pagar operación, mantenimiento, impuestos, inversiones futuras y demás obligaciones.
Y comparar ese resultado con los dividendos y el valor patrimonial que Emcali estaría sacrificando.
También convendría preguntarse por qué una empresa especializada como Celsia contempla desprenderse de este activo mientras Emcali considera atractivo adquirirlo.
No significa que alguna de las partes esté equivocada, pero sí que sus intereses y expectativas deben analizarse con especial cuidado.
La ciudad necesita conocer valoraciones independientes, escenarios de rentabilidad y estudios que permitan comparar esta adquisición con otras posibilidades de inversión.
Especialmente cuando Emcali tiene desafíos propios en acueducto, alcantarillado, energía y telecomunicaciones que también demandan recursos.
Personalmente, todavía no encuentro suficientemente clara la conveniencia de este negocio.
Reconozco el valor estratégico de Salvajina, pero me preocupa que estemos confundiendo la importancia de una infraestructura con la rentabilidad de adquirirla.
La pregunta no es si Salvajina es importante para Cali.
Eso nadie lo discute. La pregunta es cuánto más ganaría la ciudad siendo su propietaria y cuánto tendría que sacrificar para conseguirlo.
Porque defender el patrimonio público no consiste simplemente en comprar activos.
Consiste en tomar decisiones que lo fortalezcan y generen beneficios concretos para los ciudadanos.
Y antes de comprometer una parte significativa del patrimonio de la empresa más grande de los caleños, esas respuestas deberían estar sobre la mesa.
