Cali, junio 24 de 2026. Actualizado: miércoles, junio 24, 2026 16:48

William Sánchez Lenis Columnistas

Cuando el éxito vacía el alma

William Sánchez Lenis

Vivimos en una época obsesionada con el éxito. Desde muy temprano aprendemos que debemos producir más, ganar más y alcanzar metas cada vez más ambiciosas.

El problema no es aspirar a una vida mejor; el problema aparece cuando confundimos el éxito material con la plenitud humana.

Nuestra sociedad funciona como una carrera interminable. Alcanzamos un objetivo y de inmediato surge otro.

Compramos algo nuevo y pronto deja de ser suficiente. Así, la vida termina convertida en una lista de logros donde casi nunca encontramos satisfacción duradera.

La tecnología facilita muchas tareas y mejora nuestra calidad de vida, pero también puede reforzar la idea de que todo debe medirse en resultados.

En ese proceso corremos el riesgo de descuidar aquello que da sentido a la existencia: los vínculos humanos, la paz interior, la capacidad de contemplar y la experiencia espiritual.

Con frecuencia buscamos llenar el vacío mediante distracciones, reconocimiento social o fórmulas rápidas de bienestar. Sin embargo, el alma necesita algo más profundo.

Jesús formuló una pregunta que sigue siendo actual: ¿de qué sirve ganar el mundo entero si perdemos lo esencial?

Los costos de esta búsqueda suelen ser altos. Relaciones familiares deterioradas, amistades abandonadas, agotamiento emocional y una sensación persistente de insatisfacción acompañan a muchas personas que aparentemente lo tienen todo.

Siempre me han llamado la atención los atardeceres de Armenia. Mientras cientos de personas corren de un lugar a otro, pocas se detienen a contemplar la belleza que ocurre frente a sus ojos.

Esa imagen resume nuestra época: vivimos tan ocupados persiguiendo metas que olvidamos experimentar la vida.

Necesitamos recuperar espacios de silencio y reflexión. Hace falta detenernos para preguntarnos quiénes somos, hacia dónde vamos y qué significa realmente vivir bien.

También necesitamos fortalecer la familia, la amistad, la solidaridad y la espiritualidad.

Tal vez el verdadero fracaso no consista en no llegar lejos, sino en llegar muy lejos y descubrir demasiado tarde que dejamos el alma abandonada en el camino.

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