Cali, julio 3 de 2026. Actualizado: viernes, julio 3, 2026 20:02
El “cambio”
Soy de los que considero, como millones de personas en el planeta Tierra, que el comunismo, izquierdismo o “progresismo” (todo eso es lo mismo), es un fracaso total.
Todo lo que tocan lo derrumban. No construyen, destruyen. Y no es por molestar o por inquina política.
No es sino evaluar todo el poder que han tenido y no han dado pie con bola. Cuando lo tienen, democráticamente, lo vuelven dictadura o hacen lo que sea para lograrlo.
Hoy solo quedan tres o cuatro, entre los que se destacan Corea del Norte, con un dictador heredero de su padre, sanguinario, gobernando un país completamente cerrado; que lo último que se le conoce fue ordenar el asesinato de su ministro de defensa porque se quedó dormido, debido a su edad, en un “consejo de gobierno”.
Rusia, gobernado por Vladimir Putin, heredero de anteriores dictadores y considerado uno de los hombres más ricos del mundo a través de testaferros de su entera confianza, que ahora pretende recuperar los países de la “cortina de hierro” como Ucrania que, gracias a Mijail Gorbachov, con su glasnost y perestroika, fueron liberados del yugo que Stalin dejó como trágica herencia.
Y China, el país que Mao Tsé Tung dejó con terrible pobreza y millones de muertos causados por el hambre.
Afortunadamente, fue reemplazado por un economista formado en el exterior—Deng Ziao Peng—que lo primero que hizo fue dialogar con el expresidente de EE.UU. Richard Nixon, para invitarlo a su país a dialogar sobre convenios comerciales y a su vez, aprender como salir de la postración heredada y convertirse en lo que hoy es, en un país comunista complementado con capitalismo, muy poderoso, donde no se permiten sindicatos ni huelgas.
Pero si nos vamos al continente latinoamericano, si que les va mal. Pretendieron imponer ese sistema siniestro, decreciente, infeliz, con dictadores que engañaron a sus países utilizando la democracia, enriqueciéndose ellos, pero empobreciendo mucho más a los de abaja, sosteniéndolos con las narrativas de los auxilios asistenciales, acabando con el empresariado para crear desempleo y asaltando fondos de pensiones y los sistemas financieros.
En fin, afortunadamente, no todo lo malo dura para siempre.
Esas langostas devoradoras están siendo expulsadas porque los pueblos están abriendo los ojos, dándose cuenta que es mejor una democracia con libertades y que las naciones están por encima de esas ideologías.
