Cali, mayo 5 de 2026. Actualizado: martes, mayo 5, 2026 21:29

Rodrigo F. Chois

El hombre y la máquina

Rodrigo F. Chois

Un tema recurrente en la ciencia ficción es la máquina malévola que se rebela contra el hombre; no obstante, la realidad supera la ficción.

Existe una circunstancia aún más perturbadora: cuando la máquina obedece sin comprender, causando accidentes.

Así ocurrió con Emilia, una niña de dos años que perdió la vida cuando el asiento trasero del vehículo en que se encontraba se replegó de manera automática.

Sí, un mecanismo diseñado para la comodidad y la seguridad se convirtió, en el tiempo exacto que tardó en cumplir su función, en una trampa mortal.

¿En qué momento dejamos de mirar a las máquinas con respeto?

La relación entre el hombre y la máquina ha evolucionado. Estas se han convertido en nuestros alter egos, en la extensión de nuestros cuerpos e incluso de nuestras mentes con la inteligencia artificial.

Por esta razón, con el tiempo, hemos olvidado que, por más sofisticada que sea una máquina, esta es la criatura de una mente que tiene límites… Y las hemos idolatrado.

Hemos depositado nuestra confianza en sistemas de seguridad que carecen de conciencia. En suma, nos hemos descuidado.

Isaac Asimov formuló tres leyes de la robótica. La primera establece que un robot —léase, una máquina— no puede hacerle daño a un ser humano.

Pero las máquinas no tienen ética: tienen programación. Ese es el problema: no desobedecen a Asimov, es que nunca lo leyeron.

El ser humano no sería lo que hoy es sin las máquinas, pero les debemos respeto. No un respeto reverencial, casi divino, sino uno cauteloso, propio de quien reconoce que está ante herramientas poderosas.

A Dios le rezamos, pero a las máquinas, por nuestra propia supervivencia, las vigilamos.

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