Cali, abril 4 de 2025. Actualizado: jueves, abril 3, 2025 21:16
El mayor valor de las fiestas de Navidad y Año Nuevo
Reuniones familiares, turismo, celebraciones, recuerdos positivos y negativos, terminaciones de contratos o cambio de trabajo, vacaciones, balances y planeación, revisión de hábitos, propósitos, despedidas, novenas, rituales, regalos, grados y matrimonios, sueños e ilusiones, risas y lágrimas son, entre otras muchas situaciones, descripciones de los estados de ánimo, expectativas y cambios que, en mayor o menor medida, todos experimentamos entre los meses de diciembre y enero.
Para cada uno de nosotros el sentimiento y la disposición frente a la Navidad y el Año Nuevo varían según nuestra propia historia de vida.
Mientras algunos sueñan con reencuentros y fiestas, otros se ocultan para llorar ante la imposibilidad de ver nuevamente a seres queridos que ya no están, o sufrir por alguna tragedia vivida el año que termina.
Indiscutiblemente, esta es una época de reflexión para todos.
Si bien es cierto que todo amanecer es una oportunidad para pensar y repensar nuestras vidas, el ambiente de fin de año, el cambio de rutina, el receso y las conversaciones con cercanos, constituyen invaluables momentos para hacer balances frente a los propios proyectos y al saldo económico, sentimental, de salud, de trabajo y de familia, entre otros, así como para confirmar o redirigir la ruta hacia el destino personal deseado.
Más allá de celebrar, de regalar, de pasear y de descansar, en estas épocas tenemos la obligación personal, y ética, de evaluar nuestra propia existencia, los logros alcanzados, los resultados pendientes y los proyectos que nos motivarán a seguir trabajando, soñando, existiendo y conviviendo.
Si tenemos muchos o un solo gran motivo para brindar y celebrar en estas fechas, debemos agradecerlo(s) y no perder de vista qué fue lo que hicimos para alcanzar el éxito y ser privilegiados, para que en el nuevo periodo de vida no perdamos el rumbo y sigamos fortaleciendo las cosas buenos.
Pero, si el balance es negativo -por las deudas, las tragedias, las pérdidas, los accidentes o los infortunios, que siempre dolerán y difícilmente se olvidarán-, debemos ver el cambio de año, de ciclo y de circunstancias como una oportunidad para sembrar un mejor mañana.
Los fracasos y los seres queridos que pudimos haber perdido deben servir de motivación para seguir adelante, pues no podemos enterrarnos con ellos.
Al fin y al cabo, seguimos con vida y es, precisamente, la vida misma la que nos da la oportunidad de buscar nuevos amaneceres.
El futuro no lo tenemos asegurado, y no sabemos cuántas navidades más estaremos.
Lo claro es que somos arquitectos de nuestro destino, y que solamente se llega a una meta cuando se trabaja para alcanzarla y se camina en su dirección.
A lo mejor, en un próximo diciembre, no habremos alcanzado el ahorro, el trabajo, el reconocimiento, la familia o la propiedad añorados, pero con disciplina, tenacidad y constancia en el propósito, seguramente estaremos más cerca, que hoy, de tenerlo.
¡Que la prudencia, la paz y la reflexión los acompañe en estas festividades!