Cali, abril 5 de 2025. Actualizado: viernes, abril 4, 2025 23:34
El miedo cotidiano: ¿por qué los caleños no se sienten seguros?
La inseguridad en Cali no es solo una simple percepción, es una realidad que golpea día a día a sus habitantes. Los números son contundentes: enero cerró con 89 homicidios y, febrero con 73, y los dos primeros fines de semana de marzo con muertes violentas superiores a la decena. El saldo se acerca a 200 muertes violentas. Pero, ¿Cómo viven los caleños esta realidad?
Un reciente sondeo realizado en mi cuenta de Instagram me muestra unas cifras, que si bien son en micro, pueden indicar una tendencia. El 86% de los participantes manifestó sentirse inseguro en la ciudad, mientras que solo un 14% expresó sentirse seguro. Estos datos no son sorprendentes si los cruzamos con la última encuesta de convivencia y seguridad ciudadana del Dane, donde el 84,1% de los consultados expresó su sensación de inseguridad en la capital vallecaucana.
Decidimos indagar las causas de esta percepción. Un segundo sondeo nos muestra que el 49% de los ciudadanos atribuye su sensación de inseguridad a los hurtos, seguido por el microtráfico (20%), la intolerancia (19%) y los homicidios (12%). Esta distribución nos presenta una paradoja interesante: mientras los homicidios son los que posicionan a Cali en los deshonrosos rankings de las ciudades más peligrosas del mundo, son los delitos contra el patrimonio y la convivencia los que más impactan en la percepción ciudadana de inseguridad.
Las redes sociales contribuyen a esta sensación de inseguridad, debido a la inmediatez y la viralización de los delitos cotidianos. Cuando ocurre un hurto, el voz a voz se propaga velozmente, amplificado por las redes sociales donde abundan videos de atracos y raponazos. Cada testimonio, cada grabación, cada historia compartida, contribuye a consolidar esa sensación de vulnerabilidad permanente que experimentan los caleños. Las ‘fake news’ también colaboran a desinformar, agrandar y politizar situaciones relacionadas con el factor de inseguridad.
Ante este panorama, es imperativo que la Alcaldía desarrolle una estrategia integral que aborde tanto la realidad como la percepción de la inseguridad. Se requiere un enfoque dual: por un lado, fortalecer las estrategias antirrobo y los programas de convivencia ciudadana; por otro, gestionar con la Policía Metropolitana la implementación de cambios sustanciales en el sistema de vigilancia urbana, incluyendo una restructuración de los cuadrantes y un incremento en el pie de fuerza en las calles.
Sin embargo, el problema de los homicidios merece un capítulo aparte. Cali se encuentra en medio de una guerra, donde los ajustes de cuentas vinculados al microtráfico y las bandas delincuenciales cobran vidas diariamente. Este fenómeno trasciende las capacidades locales y demanda una intervención decidida del Gobierno Nacional, pues no es un problema exclusivo de Cali sino el reflejo de una crisis de seguridad que afecta a las principales urbes del país. La Presidencia y el presidente Petro no colaboran con las ciudades y, en muchos casos, los discursos del mandatario de los colombianos crean zozobra, desorden y promoción a la protesta que termina en desórdenes.
Quiero destacar el apoyo decidido de la gobernadora Dilian Francisca Toro en este frente: ser muchas veces la vocera para que Petro mire a Cali como una capital con condiciones especiales, pero además el apoyo al alcalde Eder y el aporte que entrega desde el Departamento la convierten en una aliada fundamental para la capital del Valle.
La ciudad necesita acciones concretas y coordinadas entre las autoridades locales y nacionales. No basta con atacar los síntomas; es necesario abordar las causas estructurales de la inseguridad. Solo así podremos aspirar a que la percepción de inseguridad comience a ceder y, más importante aún, que las cifras de criminalidad desciendan hasta niveles que permitan a los caleños recuperar la tranquilidad perdida.