Cali, agosto 5 de 2026. Actualizado: miércoles, agosto 5, 2026 18:23
El Parque del Avión debe recuperarse
Hay lugares que una ciudad no debería dejar envejecer.
No porque todo lo antiguo deba conservarse intacto, sino porque algunos espacios guardan una parte esencial de la historia de Cali. El Parque del Avión es uno de ellos.
En la Avenida 2 Norte con Calle 34 permanece un Douglas DC-6 que llegó a Cali el 5 de marzo de 1978.
La aeronave voló desde Panamá hasta el aeropuerto de Palmaseca y luego fue trasladada por tierra durante cerca de 25 kilómetros.
Para mover aquella estructura de aproximadamente 30 toneladas fue necesario desmontar sus alas, utilizar grúas y sortear postes, árboles y redes eléctricas. Su llegada fue un acontecimiento urbano.
La iniciativa fue promovida por José Pardo Llada con una idea sencilla y poderosa, permitir que los niños de Cali, especialmente aquellos que nunca habían podido subir a un avión, conocieran una aeronave real.
El interior funcionó como sala de cine y espacio educativo. Por eso, el avión nunca fue solamente un monumento; fue una experiencia popular de cultura, aprendizaje e imaginación.
Recuperarlo no puede reducirse a pintar el fuselaje y reparar unas hélices.
Cali debería convertir el Parque del Avión en un centro público de ciencia, aviación, tecnología y recreación.
El primer paso tendría que ser un diagnóstico estructural serio que determine qué puede restaurarse y bajo qué condiciones puede reabrirse al público.
El avión podría albergar un museo interactivo de la aviación, un simulador de vuelo, contenidos sobre aerodinámica, meteorología, navegación e historia aeronáutica.
La realidad aumentada permitiría mostrar cómo funcionaban sus motores, su cabina y sus sistemas originales.
Y el cine debe conservarse dentro de la aeronave o mediante funciones al aire libre podrían proyectarse películas infantiles, documentales científicos, producciones caleñas y contenidos sobre el Pacífico.
Alrededor del parque también podría construirse un clúster educativo de la aviación con participación de la Escuela Militar de Aviación, el SENA, universidades, colegios técnicos, empresas del sector aeronáutico y operadores aeroportuarios.
Allí podrían ofrecerse talleres de robótica, programación, aeromodelismo, astronomía, mantenimiento aeronáutico y orientación vocacional.
El objetivo sería conectar la curiosidad de los niños con oportunidades reales de formación y empleo.
El Parque del Avión también puede ser el primer espacio recreativo de Cali administrado mediante datos inteligentes.
Una aplicación integrada a una futura plataforma “Mi Cali” permitiría consultar la programación, reservar escenarios, inscribirse en talleres, reportar daños y hacer seguimiento a las respuestas de la administración.
Códigos QR, medición de afluencia y un tablero público podrían mostrar visitantes, consumo de agua y energía, tiempos de mantenimiento y satisfacción de los usuarios.
La oportunidad es todavía mayor porque junto al parque se está formando un nodo cultural estratégico.
Muy cerca están el Parque Pacífico, el Parque del Chontaduro y el Centro de Danza y Coreografía La Licorera.
Ciencia y aviación, gastronomía del Pacífico, danza, emprendimiento y patrimonio industrial podrían integrarse en un mismo corredor.
La ciudad debería estudiar un puente peatonal que conecte estos equipamientos, con accesibilidad universal, iluminación, arborización y diseño paisajístico.
El recorrido permitiría organizar rutas escolares, ferias gastronómicas, presentaciones de danza, funciones de cine y festivales culturales.
En lugar de varios proyectos aislados, Cali tendría un verdadero distrito cultural, científico y gastronómico.
Cali no necesita inventar un símbolo nuevo. Ya lo tiene. Ese avión llegó hace casi medio siglo para que los niños imaginaran que podían conocer el mundo.
Recuperarlo no sería mirar hacia atrás, sino devolverle a la ciudad su capacidad de soñar, aprender y despegar.
