Cali, junio 9 de 2026. Actualizado: martes, junio 9, 2026 20:41
La Constitución no es una herramienta de campaña
Hay temas que no deberían estar sometidos a los vaivenes de la coyuntura política. La Constitución es uno de ellos.
La Constitución no es un documento cualquiera. Es el acuerdo fundamental que organiza el Estado, protege los derechos de los ciudadanos y define las reglas de convivencia democrática.
Por eso preocupa que, durante los últimos años, la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente haya aparecido y desaparecido del discurso oficial con una facilidad que no corresponde a su trascendencia.
Los colombianos escucharon anuncios. Vieron discursos. Presenciaron la creación de comités promotores y la movilización de sectores políticos alrededor de la idea de una Constituyente.
Durante meses se planteó como una necesidad para el país. Hoy, a pocos meses de una nueva elección presidencial, el tema parece haber desaparecido de la agenda gubernamental.
La pregunta es inevitable: ¿estábamos frente a una convicción de gobierno o frente a una estrategia política de coyuntura?
Porque una democracia madura no puede utilizar la Constitución como un instrumento electoral. Las constituciones no son eslóganes.
No son mecanismos de presión política. No son recursos para movilizar simpatizantes ni para distraer la atención frente a los problemas reales del país. Son la base de la estabilidad institucional.
Lo verdaderamente preocupante no es solamente que una propuesta se abandone. Lo preocupante es la facilidad con la que se crean expectativas sobre asuntos fundamentales para luego dejarlos en el camino sin una explicación clara a los ciudadanos.
La confianza pública se construye con coherencia. Cuando un gobierno impulsa una idea de semejante magnitud, compromete recursos políticos, moviliza sectores sociales y genera incertidumbre institucional, está obligado a actuar con responsabilidad y claridad.
Las democracias se debilitan cuando las decisiones estructurales comienzan a depender de las necesidades del momento político. La Constitución no puede convertirse en una herramienta que se activa cuando conviene y se guarda cuando deja de ser útil.
Mientras tanto, Colombia enfrenta desafíos urgentes y concretos. La inseguridad golpea amplias regiones del país.
El sistema de salud atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas. Las finanzas públicas muestran señales de deterioro. Millones de colombianos siguen atrapados en la informalidad laboral.
Los ciudadanos esperan respuestas frente a esos problemas reales. Esperan liderazgo, gestión y prioridades claras.
Por eso el país necesita menos incertidumbre institucional y más coherencia. Menos debates que aparecen y desaparecen según la conveniencia política y más soluciones para los desafíos que afectan la vida cotidiana de los colombianos.
La Constitución merece respeto. Porque cuando se debilita la confianza en las reglas del juego, se debilita también la confianza en la democracia.
Y ninguna democracia puede construirse sobre la incertidumbre permanente.
