Cali, octubre 29 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 29, 2026 21:04

La libertad en la pandemia

La libertad en la pandemia

Diana Rojas

Lo vivido en esto últimos cuatro meses ha hecho que confrontemos nuestros sentimientos y perspectivas. Hemos pasado con asombrosa facilidad del susto absoluto y la confianza en las decisiones del gobierno, hasta sentir desacuerdo y enfrentarnos a ellas, comportamiento, si se quiere normal, cuando nos sometemos a algo nuevo e incierto como la situación que afrontamos.

Hemos cedido en nuestras libertades individuales bajo la supuesta primacía de un bien común superior, porque creemos que proteger la salud pública es un fin noble que exige cooperación.

Desde siempre nos han dicho que nuestra libertad llega justo hasta donde empieza la libertad de los demás y es en estos momentos donde ese principio adquiere una dimensión práctica.

Decidir sobre el uso del tapabocas o el cumplimiento de recomendaciones de seguridad indudablemente pertenece a nuestra órbita privada, sin embargo, el resultado sobre los otros tiene unas implicaciones éticas de gran alcance. Toda esta reflexión parte de una concepción liberal, lo que supone no solamente una defensa de la libertad individual, sino de la igualdad ante la ley y de la fraternidad, como fundamento de una sociedad más solidaria y justa.

Cerrar comercios y actividades cotidianas para evitar aglomeraciones se aceptó como una herramienta temporal para contener el avance de los contagios, pero convertirla en una medida permanente se transforma en una amenaza contra el empleo y el bienestar de las personas que requieren retomar su vida productiva para continuar con sus iniciativas personales y cuidar a sus familias. Solo en Cali han cerrado más de 2100 restaurantes y cafés, lo cual supone una verdadera tragedia para miles de hogares que ven su presente y futuro, inciertos. En este contexto, resulta ineludible evitar que la protección de los derechos de unos se convierta en un freno constante de las libertades de otros. El sano equilibrio entre la protección de la salud y la vida productiva existe y es un deber buscarlo y lograrlo.

Desde el momento en el que la OMS declaró la pandemia, las decisiones que se han tomado nos han expuesto a otros riesgos. El cierre de colegios, por ejemplo, se convierte en una amenaza contra los derechos de los niños, al punto que la misma ONU recomienda que concentremos nuestra atención allí, antes de que sea demasiado tarde para evitar daños irreparables en la formación de los más jóvenes. Esto supone que avancemos en la apropiación digital con equidad, pero también en consolidar entornos seguros en un plazo razonable para el regreso a clases presenciales.

El pico y cédula, el toque de queda, la ley seca y todas las medidas que restringen la libre movilidad nos obligan a reflexionar si la coerción es realmente la mejor manera de contener la pandemia y asegurar la cooperación. Entonces nos queda acudir al fortalecimiento de la cultura ciudadana y la capacidad que tenemos de organizarnos de forma libre para evitar que la enfermedad nos gane la partida mientras llega una solución farmacológica que reduzca el nivel de la amenaza a la salud humana.

En el fondo, del uso apropiado de nuestros derechos y deberes depende que la reapertura económica, el regreso de los niños al colegio y el retorno de otras libertades puedan compaginarse con la lucha por preservar la vida de todos. Pasamos de defender la libertad individual y cederla temporalmente, a asumir la cooperación como una decisión solidaria, que permita, entre todos, cuidar nuestra salud, el empleo y nuestro bienestar.

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martes 4 de agosto, 2020
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