Cali, agosto 29 de 2025. Actualizado: jueves, agosto 28, 2025 23:16
La paz total sin seguridad territorial: el liderazgo regional como defensa ciudadana
En Colombia, la llamada “paz total” ha sido presentada como una fórmula para resolver el conflicto armado y la criminalidad organizada.
Sin embargo, existe una desconexión entre la propuesta y la realidad que muestra una fragmentación del territorio y el fortalecimiento de las estructuras criminales.
La realidad es otra: sin seguridad territorial, esta estrategia se convierte en un discurso vacío que deja a las regiones expuestas a la violencia y al miedo.
El Valle del Cauca es hoy uno de los ejemplos más claros de este desencuentro entre el Gobierno Nacional y la necesidad urgente de respuestas concretas frente a la seguridad en las regiones.
Los recientes atentados en Cali, son la prueba de que mientras se anuncian negociaciones en tarima, el ciudadano común vive en la zozobra e incertidumbre, de no saber si la próxima explosión o ataque lo sorprenderá en su barrio, en el transporte público o en su lugar de trabajo.
El costo social de esta ausencia de control territorial lo pagan las víctimas, sus familias y los ciudadanos que pierden la confianza en la institucionalidad.
Frente a esa inacción del Gobierno Nacional, las regiones han tenido que dar un paso al frente. Y aquí el liderazgo de la doctora Dilian Francisca Toro se vuelve crucial.
Desde la Gobernación del Valle del Cauca se ha entendido que no es posible esperar indefinidamente decisiones que nunca llegan.
Por ello, se ha impulsado la creación de espacios de armonización de actores frente a la amenaza terrorista, como el “Comité de Prevención y Anticipación al Terrorismo en el Valle del Cauca” COPAT, y se han promovido acciones concretas con la Fuerza Pública, alcaldía de Cali y con la sociedad civil.
El mensaje es claro: no vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras la violencia amenaza la vida de nuestros ciudadanos.
Cuando el Gobierno central falla, las regiones deben asumir la defensa ciudadana. Este principio no significa reemplazar al Estado, sino fortalecerlo desde lo territorial.
La gobernadora ha demostrado que se puede construir seguridad desde la cercanía con las comunidades, desde la articulación interinstitucional y con una visión estratégica que combine firmeza contra los violentos con prevención social.
Se trata de un liderazgo que no se limita a la reacción, sino que busque anticipar las amenazas, generar confianza ciudadana y proyectar un modelo de seguridad regional.
El Valle del Cauca, bajo esta conducción, se convierte en una voz que interpela al país: no hay paz sin seguridad, no hay reconciliación posible si las comunidades siguen sometidas por las estructuras criminales, el narcotráfico y el terrorismo.
Las capacidades del Estado deben aterrizar en los territorios, y para ello el Gobierno Nacional debe entender, escuchar y respaldar a las regiones.
Hoy el Valle del Cauca envía un mensaje contundente: las víctimas y los ciudadanos están primero.
Y si el Gobierno Nacional se demora en reaccionar, aquí habrá un liderazgo que no dudará en seguir asumiendo la responsabilidad de defender la vida y la tranquilidad de su gente. Ese es el compromiso que marca la diferencia.