Cali, enero 10 de 2026. Actualizado: viernes, enero 9, 2026 20:59

Omar Nicolás Ordóñez Ruiz

Los desafíos por atender en la educación pública

Nicolas Ordoñez Ruiz

Parte del debate presidencial debe girar en torno al sector educativo, con énfasis en la educación inicial, básica y media pública.
Existen variables críticas que, de no abordarse desde la campaña, se convertirán en desafíos estructurales (“chicharrones”) para el próximo Gobierno Nacional.

Entre las más relevantes:

Financiación del Programa de Alimentación Escolar (PAE). Se ha avanzado hacia la universalidad (80% de cobertura en 2024, 5,8 millones de beneficiarios), pero la drástica caída de ingresos por regalías —de $9,5 billones en 2022 a $1,4 billones en 2024 (DNP), reducción >85% por menor explotación petrolera y precios del Brent— genera dificultades presupuestales regionales.

Esto obligará al nuevo gobierno (desde segundo semestre 2025 y 2026) a decisiones urgentes para sostener el PAE, clave para la permanencia escolar y reducción de deserción en vulnerabilidad.

Infraestructura educativa. Aunque el debate incluye conectividad y laboratorios, el problema grave es en la ruralidad: muchas sedes carecen de infraestructura digna básica (baterías sanitarias).

Solo ~40% de sedes rurales tienen agua potable constante (vs. 70% urbanas), y muchas sin saneamiento ni electricidad confiable.

Sin condiciones mínimas, es inviable retener niños en aulas ni lograr educación de calidad.

Deserción escolar y tendencias demográficas. La natalidad cae sostenidamente: de ~670.000 nacimientos en 2015 a 445.000 en 2024 (caída ~33% en la década, DANE).

Esto reduce naturalmente la población escolar a mediano plazo. Sin embargo, persisten barreras para matrícula en públicos: falta de infraestructura, pupitres, tableros y docentes por rigidez burocrática en vacantes.

En Santander por ejemplo conseguimos el récord histórico de ocupación docente.

Estos tres temas deben ser centrales en los programas de gobierno presidenciales. Se requiere disponibilidad presupuestal concreta y acción unificada con gobernadores y alcaldes para impulsar una revolución educativa rápida, inclusiva y equitativa, que cierre brechas y garantice trayectorias completas en todo el territorio.

Bajo el anterior panorama, el no abordar estos “chicharrones” es llevar al país a una trampa de pobreza e ignorar una realidad que dia a dia refleja mayores brechas de desigualdad.

Por tanto, el debate presidencial desde el ámbito educativo debe discernir entre continuar administrando escasez o invertir en el activo más rentable para el futuro del país, la educación de los niños desde las primeras etapas.

Finalmente, es necesario plantear que el próximo presidente no solo debe administrar bien los recursos, sino también convertirse en un líder que visione la educación como una política de desarrollo sostenible a largo plazo, bajo lo cual se entienda la necesidad de responsabilizarnos por la calidad de la educación como herramienta que permitirá garantizar que nuestros niños y niñas se formen adecuadamente para enfrentar los retos y desafíos que asumirá el país en el mañana.

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viernes 9 de enero, 2026
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