Cali, marzo 25 de 2026. Actualizado: martes, marzo 24, 2026 23:04
Morir antes de la guerra
Colombia está de duelo. Comenzó la semana con la trágica noticia de un accidente aéreo en el sur del país: un avión Hércules de la Fuerza Aérea, con ciento veintiocho personas a bordo, se precipitó a tierra tras despegar.
Hasta el momento hay más de sesenta fallecidos y otros tantos luchando por sobrevivir.
Soldados en su mayoría, muchos de ellos jóvenes, para quienes la vida todavía era una promesa; lo suficientemente jóvenes como para que sus madres aún los vieran como niños.
Hoy, tristemente, en decenas de hogares colombianos habrá uniformes colgados que no volverán a usarse, camas intactas y teléfonos en silencio. Como país, por un instante, debemos ser capaces de detenernos y reflexionar.
Estamos hablando de soldados que no murieron en combate ni cayeron defendiendo una posición.
Murieron en el trayecto, lo que de por sí resulta absurdo. Porque si morir en la guerra ya es una tragedia, morir antes de llegar a ella es un fracaso.
Se trata de una muerte sin relatos heroicos, sin épica, sin sentido aparente.
Enseguida aparecieron las explicaciones apresuradas, los señalamientos y el cruce de culpas, convirtiendo esta tragedia —y su dolor— en argumentos y munición política, con una indolencia mezquina y una profunda falta de respeto por la muerte de estos soldados.
No sabemos aún qué ocurrió, y afirmar lo contrario sería irresponsable. Pero sí sabemos algo: si hubo error, debe saberse. Si hubo negligencia, debe responderse. Si hubo omisión, no puede quedar impune.
Porque estos hombres no eligieron las condiciones en las que volaban. Cumplieron órdenes… Confiaron.
Y esa confianza, cuando se traiciona, no tiene perdón de Dios ni de los hombres.
