Cali, abril 26 de 2026. Actualizado: viernes, abril 24, 2026 22:05
¿Por qué le pedimos “experiencia” a ellas y “permiso” a ellos?
Durante años, a las mujeres nos han dicho —de muchas formas— que todavía no es el momento.
Que falta experiencia.
Que falta carácter.
Que falta “algo”.
Y sin embargo, en cada rincón de Colombia, las mujeres han estado sosteniendo lo que muchos no ven.
Han sido quienes levantan hogares con lo justo. Quienes sacan adelante negocios pequeños.
Quienes cuidan, trabajan, lideran… y muchas veces, en silencio. Por eso, cuando hablamos del papel de las mujeres en el poder, no estamos hablando de una tendencia ni de una moda.
Estamos hablando de una deuda histórica. América Latina ha empezado a dar pasos importantes: 16 mujeres han llegado a la presidencia en las últimas décadas.
Pero en ese mismo periodo, más de 250 hombres han ocupado ese lugar en nuestra región. Pero Colombia sigue esperando.
Como si aún dudara de lo evidente. Y tal vez la conversación nunca ha sido realmente sobre si una mujer puede gobernar.
Tal vez la verdadera pregunta es:
¿por qué nos hemos demorado tanto en reconocer que ya están listas?
Porque el liderazgo femenino no nace el día que se llega a un cargo. Se construye todos los días, en lo cotidiano.
En la toma de decisiones difíciles. En la capacidad de sostener, de escuchar, de resistir.
Hoy el país tiene frente a sí una oportunidad distinta. No por el simple hecho de que una mujer pueda llegar a la Presidencia, sino porque esa posibilidad viene acompañada de preparación, carácter y visión.
Y eso cambia la conversación. También cambia la forma de hacer política. Porque Colombia necesita menos gritos y más soluciones. Menos divisiones y más capacidad de construir en medio de la diferencia.
Ver liderazgos que entienden el país desde la técnica, pero también desde la realidad de la gente, abre una puerta distinta:
la de una política que suma, que escucha y que resuelve. Y en un país cansado de la corrupción y de las promesas vacías, que una mujer tome las riendas no es un detalle menor.
Los estudios lo confirman: donde hay mas mujeres liderando, hay menos espacio para la trampa.
Este no es un debate de hombres contra mujeres. Es un momento para preguntarnos qué tipo de liderazgo necesita Colombia.
Porque durante mucho tiempo, nuestra democracia ha avanzado con una sola mirada. Y quizás por eso, también se ha quedado corta en entender muchas realidades.
Hoy, más que una oportunidad simbólica, Colombia tiene la posibilidad de dar un paso hacia una democracia más completa, más equilibrada y más justa.
No se trata de elegir a una mujer por ser mujer. Se trata de reconocer que cuando las mujeres están listas —y lo han estado desde hace mucho tiempo—, el país también tiene que estar listo para dar ese paso.
Y tal vez ese es el verdadero cambio:
no cuando una mujer llega al poder, sino cuando una sociedad deja de dudar que puede hacerlo.
@anamariasanclementejaramillo
