Cali, noviembre 3 de 2026. Actualizado: lunes, noviembre 2, 2026 14:00
Reingeniería en el gobierno de Cali
Por lo general, cuando se habla de reingeniería se suele asociar como un recorte de personal o un cambio en los cuadros directivos. La verdad es que no es ni lo uno ni lo otro. Cuando hablamos de reingeniería nos referimos a revisar la manera en que se hacen las cosas para responder a los retos que se enfrenta una empresa o una organización. En este caso, esa revisión debe hacerse en la Alcaldía de Cali.
Jorge Iván Ospina llegó a su segundo mandato con un plan de gobierno ambicioso. Hay que reconocerle su visión de ciudad y eso lo plasmó en su plan de desarrollo, el cual se estudió en los comienzos de la pandemia, sin quizás imaginar aún las implicaciones que tendría la crisis en una ciudad como Cali. Pero tras un año de esta crisis tan profunda e inédita en nuestra historia, el llamado es a que el alcalde asuma que su periodo se irá inmerso en contenerla y, si el escenario optimista se cumple con la vacunación, en recoger los destrozos que deja la crisis. No va a gobernar una ciudad dinámica y en crecimiento como la que imaginó al ser electo en 2019 y aceptarlo es una responsabilidad impostergable.
Hoy, Cali tiene un 20% de desempleo, luego de unos cuantos meses de recuperación del mercado laboral, lo que es casi 300.000 caleños buscando trabajo e incluso ya resignados a que no lo conseguirán. En promedio, dejaron de operar o de existir el 11% de las empresas que tenía Cali, en su mayoría de sectores asociados a la gastronomía y bares, más de 570 establecimientos como Zaperoco, Mamut Salsa y Primos, y sectores como el de las actividades artísticas se contrajeron en un -20%, según cifras del DANE. La crisis social que atraviesa la ciudad por cuenta de la pandemia y las medidas restrictivas está en su punto más alto y hoy no debe existir otra prioridad que atenderla y mitigarla.
En ese mismo sentido, la tarea de la Administración es asumir compromisos por la recuperación económica pero también proyectar y generar confianza con los distintos sectores involucrados, lo que debe llevar a cumplir con los acuerdos alcanzados. Hoy el malestar sigue siendo que de las mesas de diálogo salen pactos, pero a la final quedan siendo un saludo a la bandera.
Nuestra ciudad debe concentrarse en evitar el cierre de más empresas, la destrucción de más empleos y el empobrecimiento de la cultura, por ejemplo. También debe estar orientado el esfuerzo del gobierno local en asegurar la conectividad de los niños que siguen en educación virtual y en allanar el camino para volver a las clases presenciales de manera segura. La grandeza del gobierno de Ospina se medirá por la capacidad de enfrentar la crisis. Hoy tiene la oportunidad de ser el alcalde que cambia el chip y orienta todos sus esfuerzos y al equipo de gobierno para asumir las prioridades que trajo la pandemia.
Sin duda, obras como la Universidad Distrital y el edificio de Cali Inteligente, entre otros, son apuestas del alcalde que no corresponden a la urgencia y a la intensidad de la crisis que enfrentamos, cuando cada día cientos de caleños pierden sus empleos e ingresos. Es por eso por lo que reclamamos con ahínco que se avance en iniciativas como los beneficios tributarios, el fondo de oportunidades, la conectividad a internet de los niños de las instituciones educativas oficiales, el censo de los trabajadores informales para focalizar mejor las ayudas y la gestión de recursos ante la Nación para sectores en crisis como las artes y la cultura.
La reingeniería de la Administración Ospina empieza por entender que, tal vez, muchas de sus iniciativas no llegarán a feliz término, pero que tiene aún una oportunidad de evitar que Cali viva una década pérdida por cuenta del desempleo, el empobrecimiento de la población y la desaparición de miles de pequeñas y medianas empresas.
