Cali, mayo 27 de 2026. Actualizado: miércoles, mayo 27, 2026 17:28

Juan Pablo Ortega Sterling

Salvemos la patria

Juan Pablo Ortega Sterling

El domingo salgamos a votar. Hagámoslo en familia, con amigos. Hasta con la mascota, si es necesario.

Que en cada rincón de Cali, del Valle del Cauca y de Colombia se viva la fiesta democrática. Celebremos, sin distingos políticos, que podemos votar libremente, que podemos elegir, que todavía podemos expresarnos.

El voto es un derecho, pero también un deber y una herramienta de la no violencia. Es el fruto de guerras, luchas civiles y sacrificios colectivos.

También de un esfuerzo institucional y económico que todos financiamos. Como el Mundial, ocurre cada cuatro años. Y, a diferencia de muchas otras decisiones, aquí no siempre existe la posibilidad de arrepentirse a tiempo.

Si eres de los que nunca vota, de los que creen que la política no les interesa, o de quienes piensan votar en blanco, te invito a hacer un último esfuerzo por revisar las candidaturas.

Hay quince opciones en el tarjetón (trece realmente en disputa), y estoy seguro de que entre ellas existe al menos una que se acerca a tus convicciones y preocupaciones.

Ninguna candidatura será perfecta. No vas a encontrar a alguien con quien coincidas al cien por ciento.

Pero sí puedes aspirar a que quien gobierne el país durante los próximos cuatro años sea, al menos, una persona con la menor cantidad posible de defectos para ejercer semejante responsabilidad.

Yo voy a votar. Lo hago desde que tengo cédula. Y estas son algunas de las preguntas que intento hacerme cada vez que debo elegir.

Primero, una pregunta de atajo sobre la confianza: ¿dejarías a tus padres mayores o a tus hijos al cuidado de esa persona? Si la respuesta es sí, puedes avanzar con tranquilidad.

Vamos a dejarle a ese candidato el futuro del país. Lo mínimo es que nos genere cierta confianza sobre su responsabilidad para asumir tareas tan delicadas.

Segundo, que sea una persona con una trayectoria suficiente para reconocer sus cualidades, ponderar sus defectos y evaluar sus resultados.

Cada elección es, en el fondo, una entrevista de trabajo. Pocas empresas nombrarían gerente a alguien sin experiencia suficiente. Un país tampoco debería hacerlo.

Tercero, un liderazgo verdaderamente anticorrupción. Este punto resulta casi absurdo de mencionar, porque alguien seriamente cuestionado no debería ni siquiera aparecer en el tarjetón.

Pero estamos en el país que estamos. Vale la pena preguntarse con quién ha trabajado, quiénes han sido sus aliados, de qué ha vivido y cómo ha ejercido el poder cuando lo ha tenido.

Cuarto, que tenga una propuesta realista para el momento que atraviesa Colombia. Tenemos, al menos, cinco crisis simultáneas: seguridad, salud, sostenibilidad fiscal, energía y fractura social.

No basta con tener buenas intenciones. Hay que preguntarse a cuántos candidatos realmente les cabe el país en la cabeza.

Quinto, que tus convicciones personales tengan alguna cercanía con lo que representa esa candidatura.

¿Crees que esa persona es un ejemplo para la sociedad? ¿Es alguien que inspira cierta admiración humana o cívica? ¿Ese es el tipo de liderazgo que quisieras para las generaciones más jóvenes?

Sexto, observar cómo se ha comportado en campaña. En estos tiempos, los autoritarismos vuelven a seducir a muchos ciudadanos en el mundo.

Necesitamos líderes que crean en la democracia, en los contrapesos, en la prensa libre y en las instituciones.

Votemos por alguien de quien estemos razonablemente seguros de que entregará el poder en cuatro años y permitirá que la silla presidencial vuelva a quedar vacía.

Séptimo, no votes contra alguien. Esta columna se publica antes de la elección y me atrevo a anticipar que habrá segunda vuelta. El domingo no tendremos un ganador definitivo.

Todas las encuestas apuntan en esa dirección. No votemos movilizados por el odio.

Votemos movilizados por la esperanza. Aún quedará otra vuelta para decidir el rumbo final.

Octavo, no votes únicamente con base en las encuestas. Sé que es tentador elegir entre quienes aparecen arriba en los sondeos.

Y si alguno de ellos te deja tranquilo después de responder las preguntas anteriores, adelante.

Pero si todavía tienes dudas, no dejes de mirar el resto del tarjetón. En muchos países, incluido el nuestro, las elecciones terminan revelando fenómenos inesperados que alteran por completo el tablero.

Noveno, siempre se puede llamar a un amigo. No todos tenemos que ser politólogos ni analistas ilustrados.

Si no estás seguro de tu decisión, escucha a personas sensatas, consulta distintas opiniones, lee un poco más.

Todos tenemos cerca a alguien que entiende el país político y sigue de cerca la vida pública. Y, después de todo, siempre he creído que quien escucha consejos llega más lejos.

Décimo, actuemos sin miedo. Vivimos en un país donde los delincuentes, ciertos políticos, las redes sociales y el ruido permanente de la conversación pública parecen hablar un único idioma: el miedo.

No nos dejemos gobernar por ese sentimiento tan primario. Somos más que eso. Somos ciudadanos capaces de razonar, de deliberar y de decidir con libertad. Tenemos una oportunidad de participar, aunque sea modestamente, en el libro de historia de nuestra nación. No desperdiciemos ese derecho votando acobardados.

En resumen, salgan a votar con convicción, con serenidad, con razón y también con algo de corazón.

El voto es secreto, personal, casi íntimo. Nadie puede entrar contigo al cubículo. Nadie puede obligarte. Incluso puedes decir que votaste por alguien y hacerlo por otro.

Pero vota con responsabilidad, con valentía y con la conciencia tranquila.

Si todos votáramos así, quizá el futuro sería distinto.

Todos, juntos, salvemos la patria.

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miércoles 27 de mayo, 2026
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