Cali, agosto 14 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 14, 2026 11:29

Jaime Alberto Leal Afanador

Sol y sombras en Norte de Santander

Jaime Alberto Leal Afanador - Rector UNAD

Norte de Santander y sus 40 municipios son una paradoja. Le han dado mucho a Colombia y no han sido debidamente recompensados.

Su invaluable aporte a las leyes, su enorme diversidad geográfica, sus riquezas minerales y un sol abrasador se conjugan en una región que es víctima del conflicto armado, del contrabando, de la inmigración fronteriza, de la vulnerabilidad cambiaria y del desempleo.

Por ser la capital y concentrar la mayoría del millón y medio de habitantes del departamento, San José de Cúcuta concentra una fusión de realidades y complejidades, derivada de seis subregiones de un departamento que requiere mayor atención estatal.

Podría describir a Norte de Santander con tres particularidades:

Primero, como la frontera terrestre económicamente más activa, con tres puentes que conectan a la población y a un sensible comercio -por temas políticos y cambiarios- con los estados venezolanos de Zulia, Táchira y Apure, y vía terrestre con Boyacá, Santander y Cesar; con reservas de carbón metalúrgico y térmico, industrias de arcilla, teja y gres, y con una variada agricultura por la diversidad de climas (papas, hortalizas, palma de aceite, arroz y caña panelera, entre otros).

Segundo, es el epicentro de muy variados conflictos sociales y de guerra.

Particularmente en la subregión del Catatumbo, por la concentración de cultivos ilícitos (hoja de coca) hacen presencia antagónicos grupos guerrilleros y terroristas armados que, en su pelea por el control de la droga, causan desplazamiento forzado, acoso y abuso de la población y ataques a la infraestructura del oleoducto Caño Limón-Coveñas.

Y tercero, y tal vez el más ejemplificante para el país, porque es la región donde habita la resiliencia, gracias a esa capacidad de superar las adversidades y seguir construyendo ciudadanía y sociedad, pese a estas difíciles condiciones, la desinversión central y el impacto de la migración no controlada de venezolanos.

Dicha resiliencia ha creado nuevas fuentes de recursos tras el deterioro del empleo formal, con pequeñas y medianas empresas de clústeres calzado, vestido y marroquinería.

Dicha resiliencia no es nueva. Ya, desde hace más de 150 años (en 1875) Cúcuta se sobrepuso y rediseñó su ciudad tras un devastador terremoto, que permitió reconstruir una ciudad con amplias calles y miles de árboles que permiten transitar en la sombra bajo el sol canicular de gran parte del día, y que convierten a la ciudad en una zona de interesantes contrastes arquitectónicos.

De allí su denominación como Ciudad de los Árboles como oitíes, ficus y chicalás.

También es una zona que ha aportado significativos desarrollos de Colombia, aunque muchas veces el país parece olvidarlos.

Fue pionera de la aviación con Camilo Daza Álvarez, primer nacional en pilotar un avión (el aeropuerto de Cúcuta lleva su nombre); del ferrocarril, que conectó el centro del país para transportar la también naciente exportación de café hacia el Lago de Maracaibo (Venezuela) y de allí embarcarlo a otros continentes; de la industria petrolera, en Tibú; y hasta de los fundamentos constitucionales de la Patria, con el Congreso de Cúcuta, en Villa del Rosario de 1821, de donde salió la primera Constitución de la Gran Colombia, luego que, en 1813, el Libertador Bolívar, liderara la Campaña Admirable que derrotó al ejército realista, abriendo paso a la liberación de Venezuela.

Allí, en Villa del Rosario, también se juramentó como el Hombre de las Leyes e hijo de esa región, Francisco de Paula Santander.

Algunos hijos célebres de esta región confirman su aporte al espíritu nacional.

Presidentes como Santander y Virgilio Barco Vargas; ideólogos como José Eusebio Caro; poetas como Jorge Gaitán Durán y Eduardo Cote Lamus, y artistas como Arnulfo Briceño.

Caminar Norte de Santander es aprender historia, costumbres y bellezas naturales: Semana Santa en la universitaria Pamplona; el complejo histórico de Villa del Rosario; la impactante configuración y presencia de los Estoraques (piedras de gran altura, erosionadas durante millones de años por el agua y el viento) en Playa de Belén; el turismo y la gastronomía de Chinácota y Ocaña, entre otras.

Colombia no le debe favores a Norte de Santander, sino justicia histórica. No puede olvidar el aporte de esta región a su historia, economía y vida institucional.

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