Cali, abril 2 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:04
Uno de diez, el teorema del Everest
Dicen que de un grupo de niños, uno puede llegar a ser presidente. Suena democrático, esperanzador; como si el destino se guiara por la estadística.
No sé si sea cierto; pero sí sé que alguna vez fui parte de un grupo de diez.
Fue a finales de los años setenta: 1978 o 1979. Tenía ocho años y vivía en Bogotá, en la calle 26 con carrera 30, en un edificio viejo de cuatro pisos que hoy no existe.
Se llamaba Everest, no por pretensión sino por un restaurante que funcionaba en su primer piso.
Era feo, de amplios corredores, escaleras y barandas; pero perfecto para la imaginación infantil.
Recuerdo en su azotea una inmensa valla que la daba la bienvenida al avión Jumbo… ¡Y que asustaban!
En el Everest vivíamos diez niños: En el segundo piso el más pequeño: un bebé con una dicción precoz asombrosa y al que llamábamos “Papucho”. Al frente de él, una parejita de niños cachacos, a más no poder.
En el tercero vivíamos mi hermana, un niño que creció con nosotros como uno más, y yo; y justo al frente, dos guajiros traviesos, desobedientes como nunca he visto.
En el cuarto piso, dos mulatos contemporáneos con nosotros, mitad sangre alemana y mitad caucana, dispuestos a sumarse al juego. Éramos, todos, una pequeña tribu vertical.
Más de cuarenta años han pasado y cada quien siguió su camino. Pero la idea de “uno entre diez” ha vuelto… Porque de esos diez niños que fuimos, hoy uno busca mi voto en la próxima contienda electoral y lo más curioso es que probablemente lo tenga.
¡Y pensar que todo empezó en unas escaleras donde asustaban!
