Cali, abril 3 de 2025. Actualizado: jueves, abril 3, 2025 09:37

Adrián Zamora Columnista

Weaponización de la migración: ¿realidad o retórica política?

Adrián Zamora

El uso de la migración como herramienta de presión política no es nuevo. A lo largo de la historia, diversos gobiernos han manipulado los flujos migratorios para desestabilizar a sus adversarios o extraer concesiones estratégicas. Hoy, esta táctica resurge con fuerza en la retórica de Donald Trump, quien ha señalado a Nicolás Maduro como el artífice de una “invasión criminal” destinada a desestabilizar a EE.UU. Pero, ¿realmente se trata de un esfuerzo coordinado del régimen chavista o, más bien, de una estrategia populista del mandatario norteamericano?

El concepto de weaponización de la migración se refiere al uso estratégico de los flujos poblacionales con fines políticos o militares. En términos simples, es la conversión de la movilidad humana en un instrumento de presión. Ejemplos históricos abundan: en 1980, Fidel Castro permitió la salida de más de 125.000 cubanos en el Éxodo del Mariel, incluyendo presos y enfermos mentales, lo que generó una crisis migratoria en EE.UU. Más recientemente, en 2021, Bielorrusia facilitó la llegada de migrantes a la frontera de la Unión Europea, con el objetivo de generar inestabilidad y extraer concesiones políticas.

En América Latina, el caso más cercano es la crisis migratoria venezolana, que ha llevado a más de 7.7 millones de personas a desplazarse a otros países, impactando la capacidad de respuesta de la región. En Colombia, la llegada masiva de venezolanos ha puesto a prueba los sistemas de salud, empleo y asistencia humanitaria, generando desafíos tanto para el Estado como para la sociedad. Esto ilustra cómo, incluso sin una intencionalidad política clara, un éxodo masivo puede alterar el equilibrio interno de un país receptor.

Es en este contexto donde Trump ha enmarcado su teoría de que Maduro está enviando criminales a EE.UU. como parte de una estrategia de desestabilización. Sin embargo, no existen pruebas concretas que confirmen una coordinación directa del régimen venezolano en la llegada de delincuentes a suelo estadounidense. Lo que sí es un hecho es que el Tren de Aragua, una de las bandas criminales más violentas de América Latina, ha logrado expandirse en la región, no como parte de una conspiración, sino como una consecuencia del colapso del régimen y la crisis migratoria.

Históricamente, el miedo a los flujos migratorios ha sido instrumentalizado para justificar políticas restrictivas. Las “bombas demográficas” impactan la capacidad logística de los países, pero también generan desafíos en la integración cultural y social. Cuando la migración es percibida como una amenaza, las respuestas tienden a ser reactivas y restrictivas, lo que puede erosionar los valores democráticos y alimentar discursos de exclusión.

Sin embargo, más allá de reconocer que la migración ha sido utilizada como un instrumento de presión en distintos momentos históricos, la verdadera cuestión es cómo las naciones responden a este fenómeno sin caer en reacciones improvisadas o narrativas simplistas. La estabilidad no se construye desde la confrontación ni desde políticas reactivas, sino con visión estructural y liderazgo estratégico. Entender la migración como un factor geopolítico implica asumir que desarrollo y seguridad no son conceptos opuestos, sino variables interdependientes. La pregunta clave no es si la migración se weaponiza, sino quién la convierte en un arma y con qué propósito. Ahí radica el desafío real para los países receptores y las potencias que buscan moldear el equilibrio global.

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jueves 20 de marzo, 2025
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