Cali, mayo 28 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 28, 2026 17:13

Una participación masiva en las presidenciales daría legitimidad, claridad y tranquilidad democrática a Colombia

La abstención no puede decidir el futuro del país

La abstención no puede decidir el futuro del país
jueves 28 de mayo, 2026

Cuando faltan apenas dos días para las elecciones presidenciales, Colombia enfrenta un desafío democrático tan importante como la propia disputa entre candidatos: derrotar la abstención.

En la primera vuelta presidencial de 2022, el 45,09% de los colombianos habilitados para votar no acudió a las urnas. Es decir, casi la mitad del país decidió no participar.

Sin embargo, esta vez el contexto es mucho más delicado. Colombia llega a estas elecciones en medio de una profunda polarización política, de tensiones alrededor del modelo de país y de un ambiente de desconfianza alimentado permanentemente desde distintos sectores.

Por eso, más que nunca, se necesita una participación ciudadana masiva que permita que el resultado electoral sea claro, contundente y legítimo.

Además, el propio presidente Gustavo Petro ha contribuido a generar dudas sobre el sistema electoral mediante mensajes y pronunciamientos en los que habla de supuestos riesgos de fraude sin presentar pruebas concretas.

En consecuencia, una votación amplia y copiosa sería también la mejor manera de blindar la legitimidad democrática y reducir cualquier espacio para cuestionamientos posteriores.

Porque si algo necesita Colombia después de estas elecciones es tranquilidad institucional.

Si el presidente se define en primera vuelta, el país requiere que esa victoria tenga una claridad suficiente que no deje margen para dudas ni para tensiones.

Y si la elección se va a segunda vuelta, también será fundamental que quienes avancen lo hagan con una legitimidad sólida respaldada por millones de ciudadanos participando libremente.

Además, la participación masiva permite enviar un mensaje poderoso: que los colombianos quieren decidir el rumbo del país y no dejar esa responsabilidad únicamente en manos de minorías altamente movilizadas.

En democracias polarizadas, la abstención termina favoreciendo los extremos y debilitando los consensos nacionales.

Mientras menos personas votan, más débil termina siendo el mandato democrático y mayor el riesgo de que la post-elección se convierta en una confrontación permanente entre quienes reconocen y quienes cuestionan el resultado.


La abstención no puede decidir el futuro del país

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