Cali, abril 25 de 2026. Actualizado: viernes, abril 24, 2026 22:05

¿Por qué una sociedad que legitima conductas vacías y reprochables?

La estupidez premiada en redes

La estupidez premiada en redes
Foto: Ilustración IA
martes 31 de marzo, 2026

La polémica generada por la activación de un “peo químico” durante un vuelo entre Colombia y España, protagonizada por un reconocido influencer colombiano, abre una discusión que trasciende el hecho puntual.

Más allá de si la acción fue voluntaria o involuntaria, lo cierto es que el episodio evidencia el tipo de contenidos que hoy circulan y se validan en redes sociales.

El problema no se limita a quienes producen este tipo de contenido, sino que involucra directamente a quienes lo consumen y lo convierten en tendencia.

Desde la psicología social, se ha explicado que la búsqueda de aprobación inmediata activa mecanismos de recompensa en el cerebro, lo que impulsa a repetir conductas cada vez más extremas. Por eso, muchos creadores cruzan límites con tal de sostener la atención.

Además, desde la sociología, el concepto de normalización permite entender cómo ciertas conductas dejan de percibirse como inadecuadas.

Cuando acciones irrespetuosas se repiten y se viralizan, terminan integrándose al paisaje cotidiano. En consecuencia, lo que antes generaba rechazo hoy se asume como entretenimiento, incluso cuando afecta a terceros.

Se han registrado casos de creadores de contenido que simulan emergencias en espacios públicos, interrumpen servicios o generan pánico en lugares cerrados.

También se han documentado situaciones en las que se incomoda a pasajeros, se invade la privacidad o se alteran condiciones de seguridad. Todo esto, con el objetivo de ganar visibilidad y monetizar.

Por eso, el punto de fondo no es solo lo que hacen estos personajes, sino lo que la sociedad decide premiar.

Una cosa es usar las plataformas para informar o aportar valor, y otra muy distinta es convertir la irresponsabilidad en espectáculo rentable. Cuando se premian las estupideces, el estándar colectivo se deteriora.

En consecuencia, la discusión exige una forma de sanción social, no desde la censura, sino desde la responsabilidad colectiva. Hay que dejar de consumir y amplificar este tipo de contenidos.


La estupidez premiada en redes

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