Cali, mayo 13 de 2026. Actualizado: martes, mayo 12, 2026 21:47
Las denuncias de acoso obligan a revisar prácticas que durante años se toleraron
Lo que no puede normalizarse
Las denuncias de presunto acoso sexual al interior de Noticias Caracol, que hoy son materia de investigación por parte de la Fiscalía y de la propia empresa, abrieron una discusión necesaria y urgente sobre conductas que durante años se normalizaron en distintos entornos laborales.
Lo que está ocurriendo no es un hecho aislado. Es la expresión de una realidad que muchas mujeres han vivido en silencio, especialmente en entornos jerárquicos.
Las denuncias que han salido a la luz evidencian patrones de comportamiento que durante décadas fueron minimizados, ignorados o incluso justificados.
Ese es el punto de fondo. Que algo haya ocurrido durante años no lo convierte en normal, ni en aceptable, ni mucho menos en correcto.
Durante mucho tiempo, el acoso fue tratado como parte de la cultura laboral. Comentarios inapropiados, acercamientos no consentidos o abusos de poder se disfrazaron de “costumbre”, de “carácter” o de “formas de trabajo”.
Hoy queda claro que eran, y son, conductas que vulneran la dignidad y la intimidad de las personas.
Por eso este momento exige una revisión interna seria en las organizaciones. No solo para investigar casos puntuales, sino para identificar qué prácticas, qué silencios y qué omisiones permitieron que estas situaciones se repitieran.
También es clave evitar un error frecuente: la revictimización. Cada vez que se pone en duda a quien denuncia, cada vez que se le exige una carga de prueba desproporcionada o se cuestiona su comportamiento, se envía un mensaje que desalienta a otras víctimas a hablar.
Esto no significa desconocer la presunción de inocencia. Toda persona señalada tiene derecho a defenderse y a un debido proceso.
Pero ese principio no puede convertirse en excusa para deslegitimar a quienes denuncian ni para minimizar la gravedad de los hechos.
El enfoque debe ser equilibrado, pero también humano. Acompañar a las víctimas, garantizar entornos seguros para denunciar y actuar con rigor institucional son pasos indispensables para corregir lo que durante años se permitió.
Las denuncias recientes muestran algo más profundo: una transformación cultural en curso. Cada vez más mujeres están dispuestas a romper el silencio, a nombrar lo que antes se callaba y a exigir respeto.
Ese cambio no puede frenarse ni relativizarse.
Nada que invada la intimidad, la dignidad o la libertad de una persona puede considerarse normal. Y aceptar eso es el primer paso para que deje de ocurrir.

