Cali, abril 3 de 2025. Actualizado: jueves, abril 3, 2025 09:37
Mercados en rojo: ¿El mundo enfrenta una nueva crisis económica?
La economía global no es un juego de suma cero, pero la administración de Donald Trump insiste en tratarla como tal.
En su segundo mandato, ha intensificado su política arancelaria con la promesa de fortalecer la economía, reducir el déficit comercial, repatriar empleos y reforzar la seguridad nacional.
Sin embargo, la evidencia sugiere lo contrario: lejos de consolidar su posición, está debilitando los cimientos sobre los que pretende construir su estrategia.
Desde el día uno, la Casa Blanca ha impuesto nuevas tarifas y redoblado medidas de represalia comercial. El problema no es solo la agresividad de estas políticas, sino su falta de coherencia.
En lugar de hacer a EE.UU. más competitivo, los aranceles están aumentando los costos para las industrias nacionales, encareciendo bienes esenciales para los consumidores y provocando respuestas inmediatas de China, México y Canadá. No es una estrategia de crecimiento, sino una confrontación con consecuencias previsibles.
El argumento de que los aranceles pueden reemplazar impuestos y financiar el gasto público ignora un principio económico básico: no son los países exportadores quienes pagan estas tarifas, sino los importadores y, en última instancia, los ciudadanos.
La inflación arancelaria golpea directamente el bolsillo de los estadounidenses, debilitando su poder adquisitivo y frenando el consumo interno.
Mientras la administración promete proteger el empleo local, las industrias afectadas por el aumento de costos, como la manufactura y la agricultura, sufren las consecuencias.
Tampoco es cierto que los aranceles reduzcan el déficit comercial. En la práctica, encarecer las importaciones fortalece el dólar, lo que hace que las exportaciones sean menos competitivas.
En su primer mandato, Trump impuso aranceles a bienes chinos; China respondió gravando productos agrícolas de EE.UU. y el gobierno terminó destinando miles de millones en subsidios para compensar a los agricultores. Hoy está repitiendo el mismo error, esperando un resultado distinto.
El mito del regreso de los empleos manufactureros es otro pilar frágil de esta estrategia. Traer fábricas de vuelta no equivale a recuperar empleos en masa, porque la manufactura moderna se sustenta en la automatización, no en los trabajadores.
En 2018, los aranceles al acero protegieron unos pocos miles de puestos en la industria siderúrgica estadounidense, pero encarecieron la producción para sectores clave como el automotriz, afectando a cientos de miles de trabajadores.
Por último, está el argumento de la seguridad nacional. Reducir la dependencia de China es un objetivo legítimo, pero imponer barreras comerciales no es la vía más efectiva.
En lugar de atraer inversión y fortalecer alianzas, la incertidumbre generada por los aranceles empuja a los socios comerciales de EE.UU. a buscar alternativas fuera de su órbita de influencia.
Si las cifras no son favorables, la pregunta que queda es ¿Por qué Trump sigue apostando por este tipo de medidas?
En un mundo donde el crecimiento depende de la innovación y la cooperación, es crucial evaluar si esta estrategia es una política económica viable o si se trata de una estrategia populista en el corto plazo.