Cali, enero 27 de 2026. Actualizado: martes, enero 27, 2026 16:35
Su propósito más profundo: ser puente, ser señal, ser luz sin imponerse
Yeison Jiménez: diez lecciones de vida que quedaron como legado tras su partida
Hay vidas que se explican con fechas. Y hay otras —como la de Jason Jiménez— que solo pueden comprenderse cuando terminan.
La muerte de Yeison Jiménez provocó una conmoción profunda. No fue solo la sorpresa de su partida, sino la sensación colectiva de que se había ido alguien que todavía estaba hablando, enseñando, acompañando.
Su ausencia obligó a muchos a detenerse y preguntarse por el sentido de su vida, y ese sentido aparece con claridad en el legado que dejó: información para vivir mejor.
Las entrevistas en las que Yeison abrió su corazón hoy son un documento invaluable. Allí habló sin maquillaje, sin poses, sin promesas vacías.
Son palabras que pueden sostener a alguien deprimido, cansado, estancado, con ganas de rendirse. Él mismo lo sabía: por eso encontró, a través del relato de sus sueños, la manera de invitar a otros a verlas. Porque allí había mensajes que podían encender una luz.
De todo lo que compartió, quedan estas diez lecciones, simples en apariencia, pero profundas y transformadoras cuando se entienden desde la vida real.
- Nadie cambia su vida si no lo decide de verdad: Yeison enseñó que nadie sale adelante por accidente. No basta con querer “estar mejor”, hay que decidirse con todo, incluso cuando da miedo. El cambio empieza cuando uno deja de esperar y se compromete consigo mismo.
- Las oportunidades casi nunca llegan como uno las sueña: A veces llegan disfrazadas de trabajo duro, de vergüenza, de algo que nadie quiere hacer. Yeison aprendió a mirar su entorno y a aprovechar lo que había, no lo que deseaba. Ahí está una de las claves más grandes de la vida.
- El dolor no se elige, pero la respuesta sí: La vida fue dura con él. Muy dura. Pero Yeison nunca usó su historia como excusa para quedarse quieto, entendió que el dolor puede hundirte o empujarte. La diferencia está en lo que decides hacer con él.
- Leer, aprender y entender salva más que cualquier consejo: Cuando no sabía qué hacer, Yeison estudió. Cuando no entendía el mundo, leyó. Dejó claro que la ignorancia encadena y que el conocimiento abre puertas que parecen imposibles.
- No hay transformación sin hacerse cargo de la propia oscuridad: Yeison nunca dijo “yo soy perfecto”. Dijo “sé quién fui y sé de lo que soy capaz”. Solo cuando uno se mira con honestidad empieza el verdadero cambio.
- Dios no es castigo: es guía y conciencia: Para Yeison, Dios no era un juez, era una fuerza viva que ordena, que muestra, que acompaña. Su espiritualidad no lo alejó del mundo, lo volvió más humano, más coherente, más responsable de sus actos.
- El éxito real siempre cobra algo a cambio: Nada se construye sin perder algo en el camino: tiempo, comodidad, personas, certezas. Yeison entendió que el verdadero éxito no es acumular, sino aprender cuándo simplificar y cuidar lo esencial.
- El mayor problema del mundo no es la pobreza, es el vacío interior: Yeison habló con claridad de la ansiedad, la depresión y la falta de sentido. Dijo que muchas personas no viven, solo sobreviven, porque no están nutridas por dentro. Y tenía razón.
- Victimizarse detiene la vida; actuar la mueve: Yeison no negó las injusticias que vivió, pero nunca se quedó ahí. Su mensaje fue claro: nadie vendrá a salvarte, pero tú sí puedes salvarte a ti mismo.
- Cuando una historia es honesta, siempre llega a quien la necesita: Yeison habló porque sabía que alguien, algún día, estaría escuchando justo en el momento correcto. Por eso sus entrevistas hoy no son recuerdos: son refugio, compañía y aliento.
Yeison Jiménez murió, pero no se fue del todo. Porque quien deja palabras verdaderas, deja caminos abiertos.
Hoy sus entrevistas siguen hablando. Siguen abrazando. Siguen sosteniendo a quien está cansado, a quien está triste, a quien siente que ya no puede más. Tal vez ese era su propósito más grande: ser luz sin darse cuenta, ser guía sin imponerse, ser compañía sin estar físicamente.
Su vida nos recuerda que nunca es tarde, que siempre se puede volver a empezar y que Dios —esa fuerza que nos sostiene— no abandona a quien camina con conciencia.
Yeison partió, pero su información quedó sembrada. Y quien la encuentre, tal vez encuentre también una razón más para seguir viviendo como mejor lo diría él… con el corazón.

