Cali, mayo 10 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 8, 2026 21:57

El Día del Maestro: gratitudes y resentimientos

Los educadores en la historia

Los educadores en la historia
Foto: Ilustración IA
viernes 8 de mayo, 2026

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Ejercer de médicos, jueces o maestros, son vocaciones dignas en la sociedad. Los seres humanos requieren gozar de buena salud, dirimir los conflictos con leyes, pero primero, saber leer, escribir y poseer conocimientos. Pocas personas recuerdan el nombre del médico que los curó, ni del juez que impartió justicia.

Pero sí, al maestro que de niños, en el segundo hogar, en la escuela, los trató con paciencia, convirtiéndose en amigo sin pesar la diferencia de edad. Cotidianamente los llamaba a lista, les enseñó las primeras letras, les contó historias bellas, les explicó cómo resolver problemas de la vida con los números y valiéndose de ciencia descubrió el mundo.

Hoy que la sociedad relega a los maestros y los gobiernos los necesitan para que formen ciudadanos mansos, debe cultivarse en los hijos y los nietos, la gratitud hacia los maestros y, el Estado, no puede seguir tratándoles como funcionarios de segunda.

En Colombia, se escogió el 15 de mayo como el Día del Maestro, acorde al decreto 996 de 1951, expedido por el ministro de Educación, Rafael Azuela Barrera, durante el Gobierno de Laureano Gómez, que tomó la fecha en honor a la canonización de Juan Bautista de La Salle, el patrono de los maestros.

Son verbos, no sustantivos

En las Cucas las comunidades chibchas educaban, pero en la colonización española, fueron proscritas. Los criollos se educaron en Europa y lograda la independencia los gobernantes contrataron maestros alemanes para crear las Normales Superiores, que formarían maestros.

En la República, el Estado asumió la educación como función social y evolucionó la misión de los maestros en la historia de la educación. Hoy son verbos, no sustantivos, más que instructores, institutores o profesores, se legitiman como maestros, docentes y pedagogos.

El Estado los responsabiliza de la misión de enseñar, profesión que cambia a través de los tiempos, acorde a los modelos estatales, las políticas educativas, el desarrollo tecnológico y la vigencia de corrientes pedagógicas universales.

Algunos los señalan de gendarmes del establecimiento o, por el contrario, los acusan de adoctrinadores con discursos que subvierten el orden social.

Los gobiernos reglamentan leyes estatutarias represivas, otras veces, de profesionalización y mejoramiento salarial. No faltan alcaldes que atentando contra la estabilidad de los maestros oficiales, contratan ampliación de cobertura con colegios privados.

Los candidatos demostrarían compromiso con los electores si prometieran más plazas públicas y ofrecieran el bienestar de los maestros.

Vamos a clase

“¡Vamos a clase!”, libro de Lizardo Carvajal, recupera el concepto de maestro y exhorta a que escriban y publiquen. “Mayo se hace mozo con el Día del Maestro… Los salones de clase son bibliotecas vivas”.

Los invita a inmortalizarse. Tiene razón: Ricardo Braithwaite, maestro londinense, publicó la novela autobiográfica “Al maestro con cariño”. Ricardo Fernández, en homenaje a Martín Solans, su maestro de literatura, publicó la novela “Un profesor se despide”.

Jules Celma, joven maestro de suplencias, publicó el “Diario de un educastrador”. María Teresa Nidelcoff, publicó un libro con reflexiones que interrogan: “¿Maestro pueblo o maestro gendarme?”.

En Cali, acogieron la invitación: José Darwin Lenis, que terminando su viaje vital pedagógico, publicó “EDUCACION- (es), GOBERNAR-(nos) O SER GOBERNADOS”, con un centenar de extractos de educación en los ámbitos sociales. Ramón Ignacio Atehortúa, publicó el “Manual para Instituciones Educativas Estatales”.

José Aníbal Morales, iniciando su carrera publicó “Sueños y Utopías de un Educador”, al jubilarse, muchos años después frente al pelotón de colegas, recordó sus memorias en “Ser Maestro y Vivir para contarlo”.

Maestras y maestros mártires

Patxi Andión, en 1973, presentó la canción “El maestro”, que puede tomarse como himno en homenaje a las maestras y los maestros censurados, desaparecidos y martirizados. “El cura cree que es ateo/ Y el alcalde, comunista/ Y el cabo jefe de puesto/ piensa que es un anarquista”.

Olympe de Gouges, educadora de círculos femeninos franceses clandestinos y que denunció la misoginia, fue guillotinada en 1793 por proponer a los revolucionarios la aprobación de Los Derechos Humanos de La Mujer.

Clara Zetkin, fue la maestra de escuela que en la Segunda Conferencia Mundial de Mujeres, motivó que aprobasen el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Olga Esther Bernal, maestra de Yumbo, fue desaparecida el 7 de enero de 1988.

Carmenza Cardona Londoño “La Chiqui”, profesora normalista, reconocida por su papel negociador en la toma de la Embajada Dominicana, murió el 19 de abril de 1981, en combate en la selva del Chocó.

Luis Felipe Vélez Herrera, presidente de ADIDAS, fue asesinado por paramilitares el 25 de agosto de 1987, tras participar en el Segundo Congreso Pedagógico Nacional.

Carlos Murillo, presidente del SUTEV, fue asesinado el 25 de mayo de 1993, por denunciar amenazas y violencia paramilitar.

En la viña del Señor

Siempre habrá toda clase de maestros. Transmisores de programas oficiales que formen ciudadanos sumisos. Administradores de currículos oficiales que garanticen mano de obra barata.

Sin embargo, hay maestros que siempre luchan por la cátedra libre y por una educación liberadora. Por eso, son incomprendidos y señalados desde las dos orillas, siempre habrá hacia ellos odios y gratitudes.

De todo hay en la viña del Señor: padres de familia, alumnos y exalumnos, con gratos recuerdos, otros, con resentimientos.

“Póngame un cero profesora que no preciso esta lección, quiero aprender lo que me sirva en esta hora. Póngame un cero profesora y Usted también póngaselo” (Ignacio Copani. Cantautor).

“Yo asistiría a tus clases y prometo que intervendría, no con afán de hacerme la listilla. También haría los deberes. Profesor no se despida”. (Elvira Lindo).

“Dedico este premio a mi primera maestra Rosa Elena Fergusson del Colegio Montessori de Aracataca, que a los cinco años me hizo enamorar platónicamente de ella y realmente de la literatura”. (Gabriel García Márquez. Estocolmo 1982).

”Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para la grandeza y para lo hermoso”. (Simón Bolívar).

“Su autoridad a lo único que me invitó fue a la rabia ciega, al capricho tumultuoso, a la rebeldía como venganza”. (Iván Darío Álvarez).

“A medida que pasan los años y advertimos nuestras debilidades, más se me levanta el recuerdo grato de Pedro Henríquez Ureña, aquel profesor de mi adolescencia”. (Ernesto Sábato).

“Añoro los maestros de palmeta y pizarrón: ancianos bondadosos, repletos de autoridad y sabiduría, otras veces de ignorancia y bondad. Para mis nietos los quiero: técnicos y facilitadores, que dejen atrás la ignorancia, pero jamás sus virtudes”. (Alberto Aguirre).


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