Cali, mayo 22 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 22, 2026 18:36

Los Aguaelulos volvieron para hacer que Cali se abrace otra vez alrededor de la salsa

Entre vinilos, pachangas y recuerdos, los ‘Aguaelulos’ le devuelven memoria a Cali

Entre vinilos, pachangas y recuerdos, los ‘Aguaelulos’ le devuelven memoria a Cali
Fotos: Archivo particular
viernes 22 de mayo, 2026

Hay cosas que solo entiende un caleño. El sonido de una aguja cayendo sobre un vinilo. El primer golpe de una pachanga un domingo al caer la tarde. El señor que pide una canción que no escucha hace treinta años. La señora que se queda quieta unos segundos porque un bolero le devolvió de golpe un amor, un barrio, una época.

Eso es lo que está pasando con el regreso de los Aguaelulos en La Caldera del Diablo. Y por eso quienes llegan entienden rápido que allí no se entra solamente a una rumba. Se entra a un pedazo vivo de la memoria de Cali.

Porque los Aguaelulos no nacieron para seguir una moda. Nacieron para recuperar algo que esta ciudad casi deja perder: la costumbre de reunirse alrededor de la música.

“Los Aguaelulos tienen algo muy distinto, y es que no nacen desde la idea de hacer una rumba, sino desde recuperar una tradición muy caleña”, cuenta DJ Prilla.

Aquí la gente no llega desesperada por grabar historias para redes sociales. Llega a sentarse, a conversar, a pedir canciones, a mirar los vinilos girar lentamente mientras suenan esos temas que acompañaron la vida de generaciones enteras.

“Aquí la gente viene a compartir, a escuchar música desde los discos originales, a conectar con otras personas y con sus raíces por medio del Aguaelulo”, explica DJ Prilla. Y quizás ahí está la magia verdadera.

Porque en una ciudad acelerada, donde todo parece pasar demasiado rápido, los Aguaelulos obligan a volver a mirar a los ojos, a escuchar despacio y a recordar que la salsa en Cali nunca fue solamente música. Fue familia. Fue barrio. Fue parche. Fue identidad.

La salsa que crió a Cali

Entre vinilos, pachangas y recuerdos, los ‘Aguaelulos’ le devuelven memoria a Cali

Desde las cinco de la tarde empiezan a sonar pachangas, boleros, boogallo, Sonora Matancera y esa música que acompañó la juventud de miles de caleños en los setenta y ochenta.

Y apenas suenan los primeros acordes, algo cambia en el ambiente. Hay quienes sonríen sin darse cuenta. Otros cierran los ojos. Algunos empiezan a cantar bajito desde la mesa antes siquiera de salir a bailar.

Para Gerardo Quintero, salsero y organizador de este encuentro musical, lo que está ocurriendo allí es mucho más profundo que entretenimiento. “Estamos recuperando una historia cultural y musical de la ciudad”, dice.

Con DJ Prilla entendieron que Cali necesitaba volver a sentirse así: cercana, musical, conversada, humana. “Queríamos imprimirle a los Aguaelulos esa emotividad que ha acompañado la historia musical de Cali”, explica Quintero.

Por eso también rescataron algo que durante años fue injustamente menospreciado: la llamada “música raspa”. Esa música tropical que sonó en casas, esquinas, colegios y reuniones familiares de toda una generación. “Había que darle su lugar en la historia sonora de Cali”, afirma.

Un lugar de encuentro

Entre vinilos, pachangas y recuerdos, los ‘Aguaelulos’ le devuelven memoria a Cali
Cuando suenan las canciones, la gente no solo baila. La gente recuerda quién fue. Es un lugar donde se encuentran abuelos, hijos y nietos. Quizás la escena más bonita ocurre cuando uno mira alrededor y entiende que allí se están encontrando generaciones enteras.

Abuelos enseñándole a sus nietos cómo se escucha un vinilo. Hijos bailando con sus padres. Amigos reencontrándose después de años gracias a una canción.

“Eso es muy emocionante”, dice Gerardo Quintero. “Vos llegás y ves abuelos, hijos y nietos reunidos alrededor de una misma música. Y las historias se escriben solas”.

Hay quienes llegan y dicen que volvieron a sentir su época del colegio. Otros cuentan que ciertas canciones les sacaron lágrimas que no esperaban. Hay parejas que se conocieron bailando salsa hace cuarenta años y hoy vuelven a encontrarse en medio de una pachanga. “Eso no tiene precio”, dice Quintero.

Porque al final los Aguaelulos están haciendo algo que pocas cosas logran hoy: devolverle alma a los encuentros.

Cali necesitaba volver a sentirse así, tal vez por eso el fenómeno está creciendo tanto, porque en el fondo muchos caleños estaban necesitando volver a escuchar la ciudad de antes.

Esa Cali donde la salsa salía de las ventanas, donde el domingo tenía olor a reunión familiar y donde un disco podía juntar a todo un barrio.

Los Aguaelulos están recordándole a la ciudad que la salsa no solo se baila.

También se escucha.

Se conversa.

Se comparte.

Y sobre todo… se siente.


Entre vinilos, pachangas y recuerdos, los ‘Aguaelulos’ le devuelven memoria a Cali

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