Cali, mayo 8 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 7, 2026 21:34
Pioneros del Festival de la Leyenda Vallenata
De Aracataca a Valledupar y al mundo
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
En Colombia en la década del sesenta, tras el inicio del Frente Nacional, las capitales empezaron su transformación urbana, las ciudades se pavimentaron y dispusieron de los servicios públicos domiciliarios.
Los odios políticos partidistas se extinguen. Los vecinos se trataron como compadres y los fines de semana departieron en las casetas comunales, en las canchas de tejo, en billares y en la cantina de la esquina, donde suenan boleros y tangos.
Todavía la industria disquera no se interesaba por vallenatos, ni ganaban audiencia fuera del Caribe. Sin embargo, en los colegios leían “La hojarasca”, “La mala hora”, “El coronel no tiene quién le escriba” y los primeros cuentos de Gabriel García Márquez, que los muchachos replicaban a sus padres cuando se reunían en la mesa familiar.
Fútbol, política y literatura, fueron temas que unieron a familiares y vecinos, aunque las personas mayores escasamente habían aprendido sólo a escribir en dos años de escuela.
El acordeón era un instrumento desconocido fuera de Valledupar, pero se había divulgado la historia de Francisco El Hombre. Desde hace 59 años las cosas cambiaron con el Primer Festival de la Leyenda Vallenata.
Vallenato de 400 páginas
Gabriel García Márquez, no sólo nos legó el realismo mágico con sus historias de Macondo, también sembró la semilla del famoso festival vallenato, conjuntamente, con sus amigos: Rafael Escalona, Consuelo Araujonoguera, Gloria Pachón y Alfonso López Michelsen.
Antes de la fama por “Cien años de soledad”, convocó la flor y nata vallenata a Aracataca (1966), hecho oficializado dos años después en la plaza de Valledupar, cuando en 1968, reconocidos juglares cantaron sus historias, los músicos tocaron sus acordeones y el vallenato ganó reconocimiento nacional.
García Márquez, además de innovador del periodismo colombiano en los años cincuenta, enriquecer la literatura latinoamericana en los sesenta y en 1982 ganar el Premio Nobel, fue promotor de ese gran hecho cultural.
Clausurada la primera versión del festival que coronó Rey Vallenato a Alejo Durán, la prensa reseñó que “literatura, vallenato y política caminaron de la mano en Valledupar”.
No se equivocaron, García Márquez definía su novela cumbre como “un vallenato de cuatrocientas páginas” y, algunos de sus amigos, Juan Gossain, por ejemplo, recuerdan que él cantaba vallenatos en tertulias y lo hizo la noche de celebración por haber ganado el Nobel.
Francisco El Hombre
El mito de Francisco El Hombre le dio resonancia musical a las páginas de “Cien años de soledad”. García Márquez homenajeó a aquel juglar vallenato, que según la tradición oral, se atrevió a desafiar al diablo.
El escritor cataquero lo incorporó en su novela, personificado como un juglar, porque en Macondo todavía no existía el teléfono, ni la radio.
Francisco El Hombre fue un personaje emblemático, un anciano trotamundos con más de doscientos años, que según algunos investigadores existió en el siglo XIX y anduvo por pueblos del Caribe. Lo relacionan con Pacho Rada, Luis Pitre o Pedro Nolasco.
No faltan rumores que adjudican su autoría mítica a alguna esposa celosa que lo inventó para evitar que los maridos se perdiesen en parrandas de otros lugares.
Francisco El Hombre venció al diablo con su acordeón y cantándole el Credo al revés.
“Francisco El Hombre relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga. Aureliano fue esa noche a la tienda de Catarino. Encontró a Francisco El Hombre, como un camaleón monolítico, sentado en medio de un círculo de curiosos. Cantaba las noticias con su vieja voz descordada, acompañándose con el mismo acordeón arcaico que le regaló Sir Walter Raleigh en la Guayana, mientras llevaba el compás con sus grandes pies caminadores agrietados por el salitre”. (“Cien años de soledad” Gabriel García Márquez).
La parranda del siglo
Gabriel García Márquez, en 1966, durante el Festival de Cine de Cartagena y en presencia de la periodista Gloria Pachón, le pidió a su compadre Rafael Escalona que reuniera en Aracataca a los mejores juglares.
Gloria Pachón divulgó la primicia con un sorprendente titular: “Gran festival vallenato el domingo en Aracataca”.
Esa parranda propició que dos años después, “Gabo” secundado por la investigadora Consuelo Araujonoguera y al recibir apoyo de Alfonso López Michelsen, gobernador del recién creado departamento del Cesar, inspirasen el Primer Festival de la Leyenda Vallenta.
García Márquez, en su columna del Espectador, 22 de junio de 1983, se refirió al origen del monumental hecho cultural.
“Aquella pachanga de Aracataca no fue el primer festival de la música vallenata -como ahora pretenden algunos- ni quienes la promovimos sin saber muy bien lo que hacíamos podemos considerarnos como sus fundadores. Pero tuvimos la buena suerte de que inspiró a la gente de Valledupar para la idea de crear los festivales de la leyenda vallenata. Así fue, y en 1968 se llevó a cabo el primero, con todas las de la ley, y en la ciudad de Valledupar, que es la sede natural por derecho propio. El primer rey elegido fue el rey de reyes, Alejo Durán, que de ese modo le dio al certamen su verdadero tamaño histórico. Aunque ya para esa época la música vallenata empezaba a treparse por la cortina de los Andes”.
Política y juglares
El vallenato sobrevive gracias a los juglares con sus leyendas, que hacen parte de la literatura de tradición oral.
Desde sus inicios también ha estado comprometido políticamente. Una de las causas para el arrollador triunfo de Alfonso López Michelsen en las elecciones presidenciales de 1974, precisamente fue el apoyo que le brindó al Primer Festival de Música Vallenata de Valledupar y sus demás versiones, hecho que replicó en otros pueblos de la Gran Provincia. Los compositores incorporaron en sus letras vallenatas algunos mensajes políticos.
Rafael Escalona escribió “López el Pollo, un vallenato con letra de carácter político que entonces fue acogido en la campaña del Partido Liberal. Alfonso López Michelsen llenó plazas a punta de los sonidos de acordeones y el público grato, con parecido entusiasmo de los festivales, igual votó en las urnas“.
Leyenda inmortal
El Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar, seguirá indefinidamente inmortal a pesar que sus creadores ya fallecieron.
Las nuevas generaciones, amantes de las canciones juglares, siempre recordarán a: Alejo Durán, “Colacho” Mendoza, Calisto Ochoa, Alberto Pacheco, Miguel López, Luis Enrique Martínez, Alfredo Gutiérrez, julio de la Ossa, Nafer Durán, “Chema” Ramos, Raúl “Chiche” Martínez, Egidio Cuadrado y todos los demás Reyes de estos 59años del jolgorio en Valledupar.

