Cali, enero 19 de 2026. Actualizado: lunes, enero 19, 2026 23:30
Intensa tormenta geomagnética impacta la Tierra
Auroras boreales se expandieron hasta latitudes inesperadas
Una intensa tormenta geomagnética, desencadenada por una poderosa eyección de masa coronal (CME) asociada a una fuerte llamarada solar, ha golpeado la Tierra y alterado su campo magnético, permitiendo que las auroras boreales se observen en regiones donde normalmente no son visibles, como el norte de Alemania.
Este fenómeno, monitoreado por agencias científicas de todo el mundo, ofrece una oportunidad única para estudiar las interacciones entre el Sol y nuestro planeta, así como para presenciar uno de los espectáculos naturales más impresionantes del cielo nocturno.
El origen de este evento se encuentra en una erupción solar de clase X1.9, una de las más potentes que se han registrado recientemente, que se produjo en una región activa del Sol.

Inmediatamente después de esa llamarada se generó una eyección de masa coronal, es decir, una enorme nube de plasma solar y campos magnéticos que se expandió desde la corona del Sol hacia el espacio interplanetario con dirección a la Tierra.
Cuando estas eyecciones de masa coronal alcanzan el campo magnético terrestre, interactúan con él de manera intensa.
Estas interacciones convierten lo que normalmente es un escudo protector estable en una región temporalmente perturbada, conocida como tormenta geomagnética.
Durante estas tormentas, el campo magnético de la Tierra se comprime y reorganiza al entrar en contacto con el viento solar más energético, permitiendo que partículas cargadas penetren en la atmósfera polar.
Auroras boreales
Uno de los efectos más espectaculares de estas tormentas geomagnéticas son las auroras: las conocidas auroras boreales en el hemisferio norte y las australes en el hemisferio sur.
Estos fenómenos luminosos se producen cuando las partículas del Sol colisionan con los gases en la atmósfera superior, principalmente oxígeno y nitrógeno, generando destellos de luz verde, rojo, púrpura o incluso azul.

Normalmente, las auroras se observan cerca de los círculos polares, pero durante tormentas intensas el “óvalo auroral” —la región donde esto ocurre— puede expandirse hacia latitudes menores, haciendo visibles las luces del norte en lugares atípicos.
En este caso particular, la llegada de la CME generó una tormenta geomagnética de nivel severo (G4) o incluso mayor, según las previsiones de los centros de predicción del clima espacial.
Bajo esta clasificación, las perturbaciones geomagnéticas son lo bastante intensas como para expandir el óvalo auroral hacia latitudes medias, lo que explica por qué muchos observadores en Europa, como en el norte de Alemania, pudieron ver auroras boreales en noches recientes.

Este tipo de episodios no solo generan espectáculos de luz, sino que también llaman la atención por sus efectos potenciales en infraestructuras tecnológicas.
Cuando el campo magnético está fuertemente perturbado, las corrientes generadas pueden afectar satélites en órbita, sistemas de navegación GPS, radiofrecuencias y, en casos extremos, redes eléctricas en tierra.
Las agencias como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) emiten alertas y pronósticos para que operadores y servicios dependientes de tecnologías sensibles puedan prepararse ante posibles interferencias puntuales.
Este incremento en actividad solar responde también al ciclo natural de la estrella. El Sol atraviesa un ciclo aproximado de 11 años, alternando periodos de mínima y máxima actividad.
Durante los picos de estos ciclos, suelen producirse más erupciones solares y eyecciones de masa coronal, elevando la probabilidad de que tormentas geomagnéticas afecten la Tierra y amplíen la visibilidad de las auroras boreales más allá de las regiones polares.
Aunque las auroras en latitudes bajas como Alemania pueden parecer inusuales, no son del todo inéditas cuando el Sol está en un periodo de alta actividad.
Eventos intensos registrados en años recientes han permitido observar luces del norte incluso en lugares como partes de Estados Unidos más al sur de lo normal o en Europa occidental, incluyendo el Reino Unido y países vecinos.

Este tipo de fenómenos recuerdan eventos históricos similares, como la gran tormenta solar de 1859 —conocida como la tormenta de Carrington— en la cual las auroras se observaron tan al sur como el Caribe y se produjeron perturbaciones en los sistemas de telégrafo de la época, evidenciando lo drástica que puede ser la interacción entre el Sol y la Tierra.
En conclusión, la potente eyección de masa coronal que impactó recientemente la magnetosfera terrestre ha producido una tormenta geomagnética intensa que ha hecho posible observar auroras boreales en latitudes donde normalmente no se ven, como el norte de Alemania.
Este tipo de eventos, producidos por la dinámica energética del Sol, no solo ofrecen una oportunidad visual extraordinaria para los observadores del cielo, sino que también subrayan la importancia de monitorear continuamente el clima espacial debido a sus potenciales efectos tecnológicos en la Tierra.

