Cali, junio 25 de 2026. Actualizado: jueves, junio 25, 2026 17:04
Muchas veces se subestima el valor de lo que hace quien atiende el hogar
El trabajo doméstico: cuánto costaría pagar por todo lo que se hace en casa
Cada mañana, millones de personas en Colombia comienzan una jornada laboral mucho antes de salir de casa.
Preparan el desayuno, organizan a los niños para el colegio, limpian, lavan la ropa, hacen mercado, cocinan, administran el presupuesto familiar, cuidan a un adulto mayor, ayudan con las tareas escolares y, muchas veces, después de cumplir con un empleo remunerado, regresan para continuar con una segunda jornada que rara vez termina antes de la noche.
A pesar de que estas actividades son indispensables para el funcionamiento de cualquier hogar y permiten que el resto de la familia estudie, trabaje y desarrolle sus proyectos, casi nunca reciben un reconocimiento económico.
Son tareas que parecen invisibles porque no generan un salario, pero cuyo valor sería enorme si una familia tuviera que contratar a diferentes personas para realizarlas.
En los últimos años, la economía ha comenzado a prestar mayor atención al llamado trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
Los especialistas coinciden en que se trata de una actividad que sostiene buena parte de la economía de un país, aunque no aparezca reflejada en un contrato laboral ni en una nómina.
Basta con imaginar cuánto costaría contratar por separado a una persona para cocinar, otra para limpiar la vivienda, alguien que lave y planche la ropa, una niñera, un cuidador para un adulto mayor, un conductor para llevar a los hijos al colegio y una persona encargada de hacer el mercado y administrar el hogar.
La suma mensual podría superar fácilmente varios millones de pesos, dependiendo de la ciudad y de las necesidades de cada familia.
El valor oculto
Por eso los economistas hablan del enorme valor oculto del trabajo doméstico. No se trata únicamente de barrer o cocinar.
Detrás de estas labores existe organización, planificación, administración del tiempo, resolución de problemas y una carga física y emocional que pocas veces se reconoce.
El cuidado de los niños es uno de los ejemplos más claros.
Alimentarlos, acompañarlos en sus tareas escolares, asistir a reuniones del colegio, llevarlos a citas médicas y atender sus necesidades diarias requiere muchas horas de dedicación.
Si una familia contratara una niñera o un cuidador durante toda la jornada, ese servicio representaría un gasto considerable cada mes.
Lo mismo ocurre con el cuidado de personas mayores o familiares enfermos.
Cada vez son más los hogares donde uno de sus integrantes reduce su jornada laboral o incluso deja de trabajar para asumir estas responsabilidades.
Aunque esta decisión beneficia a toda la familia, también implica un importante sacrificio económico.
La administración del hogar es otra labor poco visible.
Organizar el presupuesto familiar, comparar precios, planificar las compras, evitar desperdicios, controlar los gastos y coordinar las actividades de todos los miembros de la casa requiere habilidades que muchas veces se subestiman.
Incluso cocinar representa mucho más que preparar alimentos.
Hay que pensar los menús, revisar qué hace falta en la despensa, hacer mercado, conservar adecuadamente los productos y procurar que la alimentación sea equilibrada.
Si estas funciones fueran contratadas a través de servicios especializados, el costo sería significativo.
Las labores de limpieza también tienen un enorme valor económico.
Barrer, trapear, limpiar baños, organizar habitaciones, lavar ventanas y mantener la vivienda en condiciones adecuadas exige tiempo, esfuerzo físico y constancia.
Nueva herramienta

Precisamente para hacer visible esta realidad, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) ha desarrollado herramientas que permiten estimar el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
A través de un simulador, cualquier persona puede calcular cuánto representaría económicamente el tiempo que dedica a estas actividades si recibiera una remuneración por ellas.
Los resultados suelen sorprender.
Muchas personas descubren que las horas invertidas diariamente en estas tareas equivaldrían a ingresos importantes si fueran contratadas en el mercado laboral.
Esta medición también ha servido para demostrar que el trabajo doméstico tiene un impacto significativo en la economía nacional.
Si todas estas actividades desaparecieran de un momento a otro, millones de hogares tendrían enormes dificultades para funcionar y el Estado tendría que asumir una carga social mucho mayor.
Aunque tradicionalmente estas labores han recaído principalmente sobre las mujeres, la tendencia viene cambiando poco a poco.
Cada vez más familias promueven una distribución equilibrada de las responsabilidades del hogar, entendiendo que el trabajo doméstico no es una obligación exclusiva de una persona, sino una tarea compartida.
Esta corresponsabilidad no solo mejora la convivencia familiar, sino que también permite que todos los integrantes tengan mayores oportunidades para estudiar, trabajar y desarrollarse profesionalmente.
Reconocer el valor económico del trabajo doméstico no significa que todas las familias deban empezar a pagarse entre sí por estas actividades.
El verdadero objetivo es comprender que estas labores tienen un enorme aporte al bienestar colectivo y que merecen respeto, reconocimiento y una distribución más justa.
Durante muchos años se pensó que limpiar, cocinar o cuidar a los hijos eran simplemente “obligaciones naturales” dentro del hogar.
Hoy la economía demuestra que, en realidad, constituyen un trabajo que genera bienestar, ahorra recursos y sostiene buena parte del funcionamiento de la sociedad.
La próxima vez que alguien diga que una persona “solo está en la casa”, quizá valga la pena hacer un ejercicio sencillo: calcular cuánto costaría contratar a todas las personas necesarias para reemplazar cada una de las tareas que realiza diariamente.
La respuesta probablemente sorprenderá a cualquiera y permitirá entender que, detrás de las puertas de cada hogar, existe una economía silenciosa que mueve mucho más de lo que imaginamos.

