Cali, abril 16 de 2026. Actualizado: jueves, abril 16, 2026 23:19
Acosos sexuales
Aunque en alguna columna los mencioné de paso, no me he detenido aún en ellos porque otros temas reclamaron mi urgencia.
Aunque ha bajado el bullicio que afortunadamente se armó, me parece que no podemos callarnos y el Me too, colombiano tiene que continuar dejando oír las voces de cientos o miles de mujeres abusadas o acosadas en su y por su sexualidad.
Con el Me too se han levantado cientos de voces en el país y se ha destapado no sólo una cultura de la violación, el acoso y la violencia sexual, sino una especie de pandemia que nos agobia a las mujeres hace bastantes décadas… y no sabemos si a lo mejor hace bastantes siglos.
En distintas clases sociales, en distintas instituciones, en diferentes territorios las mujeres hemos sido asoladas por una especie de voracidad permanente de los hombres por nuestras vidas, cuerpos, destinos.
Los colombianos (pero no sólo ellos) crecen con la convicción de que las mujeres somos de “su propiedad” y eso los autoriza para cualquier tipo de comportamiento en las interacciones y en las relaciones mismas.
Los más comedidos piensan que si no se llega a los actos físicos, en el nivel de las miradas o de las palabras no hay límites. Lo positivo de este proceso que vivimos ahora es que se habla de lo que antes no, y se levantan voces de protesta que ya no quieren mantener más el silencio.
Las colombianas que han hablado han denunciado ser víctimas en sus familias: por parte de padres, hermanos, abuelos, tíos, amigos familiares cercanos.
Han denunciado a las instituciones: medios de comunicación Universidades privadas o públicas, iglesias, oficinas públicas. Los colegios, los parques o lugares públicos…
Parece no quedar ámbito libre de esta pandemia que genera y mantiene el sistema patriarcal en el que se nos educa y nos relacionamos.
Las fallas están en la raíz misma de nuestras sociedades no siempre en unos u otros varones.
Y en la cúspide misma del sistema encontramos una administración de justicia que no opera en favor de las víctimas sino de los victimarios.
El diseño del sistema mismo falla en su raíz: ¿Cómo “probar” una agresión que no ha dejado huellas físicas? El punto de partida es poner el duda la palabra de la mujer, en lugar de diseñar un tipo de “acompañamiento psicológico profesional” que conduzca a la verdad de lo que se está diciendo.
Pero aún en casos en los que todo está suficientemente demostrado, en casos ante los cuales la inmensa mayoría sabe que los hechos denunciados son verdad: los jueces y las juezas dejan libre a los victimarios o le dictan sentencias ridículamente beneficiosas para ellos.
Casos hay múltiples, pero ahora reseño dos en los que las víctimas han insistido recientemente, señalo en ambos la complicidad institucional: El más sonado es el de Holman Morris y su permanencia al frente de RTVC, en este caso, por sus cercanías con el poder, las mujeres no han logrado nada.
El otro caso es el del Director de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali, durante el año 2025, la Universidad comunica recientemente que liquidó con él todo contrato laboral… sí, pero después de haber silenciado el caso y haberle otorgado un Paz y Salvo total que incluyó certificado de “recomendación”.
En ambos casos la complicidad y responsabilidad institucional es innegable.
Es importante que sigamos hablando y denunciando estas situaciones para que al menos las voces se escuchen… hay que lograr que algún día “la vergüenza cambie definitivamente de lado” y que los acosadores, agresores y violadores sexuales sean vistos como lo que son: criminales.
