Cali, junio 2 de 2026. Actualizado: martes, junio 2, 2026 21:50
Petro, un presidente golpista
Cuando terminábamos el exitoso cubrimiento de la primera vuelta de las elecciones presidenciales el domingo 31 de mayo en el set de Telepacífico y cuando ya la opinión pública sabía del triunfo de la campaña de Abelardo de la Espriella, me llegó un mensaje, a manera de advertencia, en el que se explicaba que podrían sobrevenir graves acontecimientos de orden público en el país.
Esto lo venía yo planteando en mis dos últimas columnas anteriores a esa jornada electoral.
Sin embargo, mi conclusión de que nos teníamos que preparar para lo peor, dependía de la respuesta, que ante la derrota de Cepeda, diera el presidente Petro.
Cuando menos lo esperábamos llegó el trino del presidente descalificando el resultado electoral y sustentado, en una serie de apreciaciones rocambolescas que han sido desmentidas una a una por el registrador y todas las autoridades que diseñaron y llevaron a feliz término el proceso electoral.
Entre el lunes y el martes pasado la postura de Petro empezó a mostrarse en sus verdaderas dimensiones, dando inicio a un caos informativo que ha profundizado una crisis en la campaña de Cepeda y un alboroto total por la derrota del petrismo.
El Pacto Histórico, a través de su candidato, en contravía a la afirmación de Petro, sostuvo que hasta la fecha no habían encontrado ninguna irregularidad.
Ante esta circunstancia, ha salido a la superficie un ajedrez cuyo punto de partida se encuentra en el mismo discurso liquidacionista que ha protagonizado todas las maniobras del presidente.
Siempre en el imaginario nuestro ha militado el criterio de que todo el sistema electoral está caracterizado por ser diáfano y alejado de cualquier maniobra fraudulenta.
Como el país que concurrió a las urnas desaprobó la gestión y castigó con la derrota de Cepeda al presidente, el resultado electoral lo ha colocado en unas circunstancias que le van a permitir a Petro, a partir del señalamiento de fraude, poner en marcha su estrategia de convocar movilizaciones que reediten la matriz terrorista escenificada en el 2021 y que creó las condiciones objetivas para potenciar exitosamente el triunfo de Petro.
Si miramos con detalle los movimientos agitacionales y el acompañamiento que de ellos ha hecho el Pacto Histórico, se puede llegar a la conclusión que ya está en marcha la creación de un caos urbano que puede aparecer antes de la segunda vuelta o después, en virtud de la dinámica de crecimiento precario de la campaña de Cepeda y que según la proyección de hace pocas horas de la compañía Atlas Intel, que ya en su primera encuesta coloca a De la Espriella ganando la segunda vuelta por un margen del 50.3% sobre un 42.6% del candidato de Pacto Histórico.
Como si se supiera de antemano esta proyección, hoy martes cuando escribo esta columna, ya está desarrollándose una asamblea en la Universidad del Valle y que según informes de distintas fuentes, es el punto de partida para escalar a otros centros del poder petrista en las principales ciudades del país, unas movilizaciones concordantes con la decisión del Presidente de acaudillar una gran insurrección que le facilite, violando todos los protocolos y mecanismos de la democracia liberal, hacer realidad un auto golpe para bloquear la realización de la segunda vuelta.
La ruta ya se inició, los bloqueos en el sur de Cali son una realidad. A esta hora, las hordas de las primeras líneas inician su tarea coordinada con sus similares de Bogotá, Medellín y Barranquilla y obvio, respondiendo en la calle a las instrucciones del presidente, que entre el domingo y hoy martes, son el llamado a la insurrección urbana.
Fortunosamente ya la campaña de Abelardo ha puesto en escenario esta maniobra tan necesaria para contener el avance de este macabro plan que Petro tenía diseñado en caso que fuera derrotado él y la campaña misma de su candidato, como efectivamente ha sucedido.
De tal forma que en las ciudades y en los departamentos donde perdió Cepeda o dónde ganó por estrecho margen, los gobernadores y los alcaldes tomen las precauciones necesarias con el respaldo de las fuerzas militares, para que el presidente golpista no vaya a salirse con la suya hundiéndonos en una crisis que, como la Evo Morales, tiene sumida a Bolivia en una guerra sin cuartel contra el orden constitucional.
Petro, y para que quedemos notificados por la cruda realidad, no solo le está dando curso a su autogolpe ya anunciado, sino que le está confirmando al país su intención es desplazar a Cepeda para que la dinámica del caos urbano lo privilegie a él como el guardián y tutor de la legitimidad del pueblo que, paradójicamente, derrotó a Cepeda en las elecciones, pero que para Petro carece de legitimidad, razón por la cual va a liderar la toma del poder por encima de todos los protocolos y también de la comunidad internacional, cristalizando así su sueño de liquidar la democracia liberal.
