Cali, abril 4 de 2025. Actualizado: jueves, abril 3, 2025 21:27
Río Dagua y sostenibilidad: más allá de señalamientos y fábulas
En su reciente columna del Diario Occidente, Pedro Luis Barco Díaz plantea una crítica sobre la gestión ambiental en la cuenca del río Dagua y su impacto en la bahía de Buenaventura. Si bien es cierto que la sedimentación es un problema serio que afecta la competitividad del puerto, limitar la discusión a la supuesta inacción de la CVC y de un solo sector, ignora la complejidad del asunto y la responsabilidad compartida que involucra múltiples actores.
Para empezar, el Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA) del río Dagua no se ha formulado debido a los criterios del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible que establecen priorizaciones por cuenca. De todas formas el Pomca no ha sido un tema olvidado. La Universidad del Valle, con recursos de la CVC, inició el proceso que es largo y complejo y ha sido complementado con otros instrumentos de ordenamiento, como el Plan de Ordenamiento del Recurso Hídrico, Porh, para el río Bitaco importante afluente del río Dagua.
Además, se han expedido instrumentos para intervenir la cuenca. Un ejemplo es que tras un exhaustivo estudio de la calidad de las aguas de los principales tributarios del río Dagua y la identificación de las fuentes puntuales de contaminación, en el 2014 se establecieron los objetivos de calidad del río Dagua y sus principales tributarios, los cuales son el referente para la formulación de los Planes de Saneamiento y Manejo de Vertimientos – PSMV que deben ser formulados por las empresas prestadoras del servicio de alcantarillado.
Adicionalmente, en la Bahía de Buenaventura, se vienen realizando monitoreos de calidad fisicoquímica y microbiológica desde 1996 y mediante convenio suscrito con el INVEMAR entre 2014 y 2015 se realizó el estudio detallado que generó insumos técnicos para establecer los objetivos de calidad en la Bahía de Buenaventura
Dentro de su ejercicio misional la CVC también es responsable de suministrar datos técnicos que son base para instrumentos de ordenación ambiental, así como para actividades de conservación y restauración. En el caso de la cuenca del río Dagua se han realizado: el levantamiento semidetallado de suelos donde se determina la capacidad de uso. El levantamiento semidetallado de cobertura, que estima índices de fragmentación y medidas a ejecutar para su restauración. Planes de manejo para áreas protegidas declaradas y promovidas en la cuenca del río Dagua por la CVC y el Ministerio de Ambiente, los cuales determinan sus usos y actividades permitidas. La caracterización de fauna y flora de los ecosistemas de la cuenca del río Dagua. Un modelo digital de terreno y modelo digital de superficie, que permiten establecer las condiciones para estimar vulnerabilidad y riesgo, así como el soporte para realizar actividades económicas; estudios de erosión para determinar acciones de recuperación y rehabilitación, entre otros.
Pero más allá de los estudios se han adelantado intervenciones: Solo en el año pasado se han invertido más de $5.000 millones en acciones que buscan disminuir sedimentación y aumentar la cobertura boscosa y la restauración. Esto demuestra que ha habido esfuerzos por estructurar una estrategia de gestión.
Además, la sedimentación del puerto no es responsabilidad exclusiva del Dagua. Afluentes como el río Bitaco, y cuencas como las del Anchicayá, Cajambre, Mayorquín y hasta el San Juan, también contribuyen significativamente. Un análisis más integral permitiría reconocer que el problema va más allá de un solo río.
Otro factor clave es el uso del suelo en la cuenca. La expansión de cultivos en pendientes de 30 a 45 grados, que deberían destinarse a bosques protectores, agrava la erosión. Cultivos como la piña, establecidos en tierras alquiladas bajo esquemas de monocultivo sin prácticas de conservación, intensifican la degradación del suelo. La ganadería, en muchos casos, no se desarrolla bajo sistemas sostenibles como los silvopastoriles, lo que agrava la problemática. Pero aquí la responsabilidad no recae únicamente en la CVC: las secretarías de agricultura, las alcaldías, asociaciones ganaderas y otros actores también deben fomentar modelos productivos más sostenibles, más que buscar responsables busquemos soluciones.
A pesar de esta situación, el Valle del Cauca es líder en sostenibilidad en Colombia y cuenta con múltiples ejemplos de manejo responsable del territorio e indicadores ambientales que así lo confirman: iniciativas de ganadería sostenible a través de sistemas silvopastoriles, acuerdos recíprocos por el agua, el mayor número de áreas protegidas de Colombia, la mayor captura de CO2, más de 300 negocios verdes, las siembra de más de 10 millones de árboles en los últimos 5 años, de los cuales más de 600 mil han sido sembrados en Dagua y cuencas del Pacífico, estufas ecoeficientes, sistemas de tratamiento de aguas residuales, agroecología, y tener uno de los menores índices de deforestación de Colombia según el Ideam son solo algunas de las estrategias implementadas.
Por otra parte, es muy importante precisar que la labor del Codeparh es la de consolidar todas las acciones que hacen las instituciones presentes en el territorio vallecaucano, entre ellas las CVC, con el fin de visibilizar el trabajo ambiental en el departamento, los aspectos de priorización en la planificación de las cuencas los entrega el propio Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Si queremos un río Dagua mejor gestionado y un puerto de Buenaventura competitivo, el camino no es la descalificación, sino la articulación de esfuerzos entre el sector ambiental, el productivo y las comunidades. Porque al final, la sostenibilidad no se trata solo de dragar o de sancionar, en este caso la moraleja busca transformar la manera en que nos relacionamos con el territorio para seguir siendo el departamento más sostenible de Colombia.