Cali, abril 4 de 2025. Actualizado: jueves, abril 3, 2025 21:27
Trump y Ucrania: ¿un error de cálculo?
En el ajedrez de la política global, cada movimiento responde a una lógica estratégica. Sin embargo, algunos cálculos pueden estar más cerca de la apuesta que de la certeza. Donald Trump, en su visión transaccional del mundo, parece convencido de que la clave para contener a China pasa por reconfigurar la relación con Rusia, aunque ello implique sacrificar aliados como Ucrania y debilitar estructuras como la OTAN. La pregunta es: ¿es esta una jugada maestra o una concesión que minará la credibilidad de Estados Unidos a largo plazo?
La idea de acercarse a Moscú para debilitar a Pekín no es nueva. Henry Kissinger hizo lo contrario en los años 70: acercó a Washington con China para aislar a la Unión Soviética. Hoy, Trump intenta la misma estrategia, pero en dirección inversa. Su plan contempla concesiones significativas a Rusia, desde la reducción de sanciones hasta una posible aceptación de la pérdida territorial de Ucrania. Pero hay un problema: la realidad geopolítica de hoy no es la de hace cincuenta años. Rusia y China han construido una alianza sólida, basada no solo en intereses estratégicos, sino en una interdependencia económica que difícilmente Moscú estaría dispuesto a romper por promesas inciertas de un líder estadounidense cuyo mandato es temporal.
Más allá de la viabilidad de este enfoque, la pregunta de fondo es qué le dice al mundo la actitud de Estados Unidos frente a sus aliados. Si la protección de Ucrania se vuelve negociable, si la estabilidad de Europa del Este se relativiza, si la OTAN deja de ser una prioridad, el mensaje es claro: la lealtad de Washington tiene precio. Y en un mundo donde las potencias emergentes buscan consolidar su influencia, esta falta de certeza puede ser el catalizador definitivo para que los países busquen otras opciones.
China, por su parte, no necesita grandes discursos; su estrategia es silenciosa, pero efectiva. Mientras Trump abre frentes de incertidumbre, Pekín avanza con inversión, infraestructura y diplomacia económica. América Latina es un claro ejemplo: mientras Estados Unidos amenaza con restricciones y advertencias, China firma acuerdos y amplía su presencia en sectores importantes.
Para Colombia y la región, la clave está en no quedar atrapados en una lógica de subordinación. La competencia entre potencias es una realidad inevitable, pero depender exclusivamente de una de ellas es un riesgo innecesario. La autonomía estratégica pasa por diversificar alianzas, fortalecer capacidades internas y negociar con pragmatismo. El mundo ya no es bipolar, y cualquier país que se limite a jugar con una sola ficha en el tablero estará condenado a perder oportunidades.
Trump puede creer que está redefiniendo el orden mundial, pero si su estrategia debilita la confianza en Estados Unidos, la pregunta no es si logrará contener a China, sino cuántos aliados se mantendrán a su lado cuando su mandato termine.