Cali, junio 27 de 2026. Actualizado: sábado, junio 27, 2026 00:07
El presidente electo, Abelardo de la Espriella, tiene la posibilidad de demostrar que gobernará para todos, incluso para una región que mayoritariamente no votó por él
Después de lo mal que le fue con Petro, el Valle merece un Gobierno que lo tenga en cuenta
Ojalá el Valle del Cauca sea el primer departamento en el que comiencen a aplicarse las políticas del nuevo gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella para construir lo que él ha denominado una “patria milagro“.
Sería una forma de demostrar, desde el primer día, que gobernará para todos los colombianos y no únicamente para quienes lo respaldaron en las urnas.
Al Valle del Cauca, hay que decirlo claramente, le fue muy mal durante el gobierno de Gustavo Petro.
Pese a la alta votación que recibió aquí el hoy presidente saliente en 2022 y al amplio respaldo obtenido por su candidato en la segunda vuelta presidencial, el departamento terminó siendo uno de los grandes olvidados de su administración.
Si se hace un corte de cuentas, Petro fue un presidente ausente para el Valle.
Pero, además, sus desaciertos en materia de seguridad, política en la que pareció haber más favorecimiento hacia los grupos criminales que una defensa decidida de los ciudadanos, agravaron la violencia en Cali, el Valle del Cauca y todo el suroccidente colombiano.
Las recientes revelaciones sobre los presuntos acuerdos para “jugar a los congelados“, que habrían implicado suspender operaciones contra el Clan del Golfo y, según los audios conocidos, hasta discutir cambios en la Fuerza Pública, hacen aún más legítimas las dudas sobre las razones por las cuales el Gobierno nacional debilitó la ofensiva contra las organizaciones criminales.
Hoy esas preguntas cobran mayor relevancia, especialmente para una región que padeció atentados terroristas, expansión de grupos armados y un evidente deterioro de la seguridad.
No hubo tampoco el respaldo esperado para proyectos estratégicos. El Gobierno Petro le dio la espalda al Tren de Cercanías, pese a que se trata de una iniciativa clave para la movilidad y la competitividad del sur del Valle.
Cuando todo estaba dispuesto para avanzar, la Nación decidió no aportar los recursos que le correspondían.
Lo mismo ocurrió con el acueducto de Buenaventura, una obra indispensable para una ciudad que continúa padeciendo una crisis histórica de acceso al agua potable y frente a la cual las promesas nacionales nunca se tradujeron en soluciones.
El Valle del Cauca tiene todo para convertirse en el laboratorio de esa “patria milagro“.
Cuenta con un sector empresarial sólido, una agroindustria competitiva, universidades de primer nivel, una ubicación estratégica y, además, experiencias exitosas de articulación entre lo público y lo privado, como Compromiso Valle, que ha demostrado cómo la empresa privada también puede ser un motor de transformación social.
Durante estos años, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, y la gobernadora Dilian Francisca Toro tuvieron que enfrentar prácticamente solos buena parte de los desafíos de seguridad y desarrollo de la región.
El Gobierno nacional no solo fue insuficiente, sino que en muchos de los temas fundamentales simplemente no trabajó de manera articulada con las autoridades locales.
Por eso el cambio de gobierno representa una oportunidad. Aunque el Valle del Cauca votó mayoritariamente por otra opción, el presidente electo afirmó en su discurso que conquistará a quienes no votaron por él a través de los resultados. Ojalá comience precisamente por esta región.
Ojalá le tienda la mano a los vallecaucanos, la mano que, ingratamente, el gobierno de Gustavo Petro nunca quiso darle al Valle del Cauca.

