Cali, mayo 27 de 2026. Actualizado: miércoles, mayo 27, 2026 17:28
Hola mami, quiubo mija
Relaciones madre-hija
Carmiña Navia Velasco
Claudia Palacios Giraldo (aunque ella no se firma así, me gusta como suena) ha escrito uno de los libros más bellos y conmovedores que he leído.
La literatura tiene que ver con penetrar en la belleza a través de las palabras y este texto lo logra como ninguno. Me refiero a: Hola mami, quiubo mija recién publicado por editorial Planeta y que invito a todos y todas a leer y degustar paso a paso.
Mírese por donde se mire, nos encontramos ante un aporte valiosísimo para nuestra identidad y nuestras vidas.
La parte más intensa del texto y la que conduce la lectura, es la que está compuesta por las conversaciones entre la autora y su madre a partir del momento en que a esta última se le empieza a desarrollar un comportamiento extraño y la diagnostican con la enfermedad de Alzhéimer.
Desde este momento hasta su muerte, 13 años después, Claudia se comunica permanentemente con ella. En este sentido estamos ante una escritura autobiográfica que nos sitúa en el corazón de una riquísima relación madre/hija.
Las conversaciones transcritas representan metafórica y plásticamente, tratados y tratados sobre esta relación: Cómo se construye, cómo se da… límites y posibilidades… motivaciones… invitación a revisar y/o construir la nuestra.
Estos encuentros y conversas van mostrándonos el avance de la enfermedad y las limitaciones y degradaciones que esta genera… Desde esta mirada son indudablemente, un camino hacia el dolor.
Se constituyen en una guía para orientarnos en casos similares, pero lo que muestran en el fondo son los avatares de una relación madre/hija concreta y el inmenso amor y empatía que la atraviesa.
Pocas veces en nuestras sociedades se expresa con tanta sinceridad y honradez el amor filial. Lo hizo Héctor Abad Faciolince con El olvido que seremos, para la relación Padre / Hijo, lo hace ahora nuestra autora para la relación Madre / Hija.
No soy su amiga cercana, pero es claro que Claudia Palacios tiene en todos sus escritos una perspectiva definitivamente feminista y entre las feministas hay una corriente que denigra de la madre, que la rechaza como portadora de la ley del padre, este testimonio literario es por el contrario una invitación a “liberar a la madre y comulgar con ella”, según la propuesta de Luisa Muraro, en su libro: El orden simbólico de la madre.
Una de las cosas preciosas es el diálogo post-morten que la hija mantiene con su progenitora.
La obra tiene además unos complementos invaluables: las entrevistas con los médicos especialistas, la mirada sobre el proceso del cuidado y la relación con las cuidadoras, la voz de la paciente que se niega a entrar en un proceso que se le viene encima más allá de sus propios deseos.
Las desafortunadas pero muchas veces necesarias discrepancias de los hermanos a la hora de enfrentarse con “una muerte en vida” y de los caminos para resolverla.
Particularmente enriquecedora me resultó la entrevista con la geriatra Geraldine Altamar. La verdad es que nuestras sociedades niegan la muerte, la enfermedad y la vejez, las reducen al silencio más absoluto, las arrinconan en el cuarto de los trastos viejos… En la conversación entre Claudia y esta especialista se abordan estos temas con seriedad, profundidad y amplitud.
Se les da el espacio que necesitan y de esta manera se ilumina el camino de toda la humanidad, porque todos sin excepción nos vemos abocados a ellos en algún momento de nuestra vida.
La diferencia entre envejecimiento usual y envejecimiento patológico, resulta importante para comprender nuestro propio paso de los años.
La geriatra explica cómo muchas veces se ligan envejecimiento y enfermedad y es una ligazón no correcta ni necesaria.
A mí particularmente me parece un aporte muy valioso el reconocimiento de que a los mayores tantas veces se les “infantiliza” y la necesaria recomendación de no hacerlo.
Las enfermeras y cuidadoras tienen que ganar mucho terreno en este ámbito porque tal vez han sido educadas en referirse a los adultos mayores como si fueran niños que no lo son.
Agradezco a Claudia este generoso regalo que nos ha hecho. Agradezco su desnudez ante nosotros lectores y lectoras.
Como toda buena literatura su obra nos confronta con lo más íntimo de nosotras mismas y nos sitúa frente a un límpido espejo en el cual mirarnos para confirmar nuestros pasos o corregir nuestro rumbo.
Colombia está entrando en una etapa en la cual “los viejos y las viejas” se multiplican… por ello –como la autora misma lo dice– las enfermedades ligadas al conocimiento y el alzhéimer aumentan geométricamente… Hola mami, quiubo mija es una puerta de entrada muy importante a este universo.

