Cali, mayo 11 de 2026. Actualizado: lunes, mayo 11, 2026 17:17

El sistema de salud: entre percepción y evidencia

Más allá del relato: sostener la verdad en medio del ruido

Más allá del relato: sostener la verdad en medio del ruido
lunes 11 de mayo, 2026

Por: Carlos E. Pinzón F.

Colombia no solo discute políticas públicas. Está disputando algo más profundo: la forma de entender la realidad.

En los últimos años, la conversación pública —y particularmente la del sistema de salud— ha dejado de organizarse alrededor de los datos para estructurarse en torno a narrativas.

4No es un cambio menor. Cuando el relato se impone, los hechos dejan de explicar los problemas y empiezan a adaptarse a versiones previamente construidas.

En ese punto, la política deja de resolver y empieza a simplificar.

La disputa por la realidad

El sistema de salud colombiano es hoy uno de los escenarios donde esta tensión se hace más visible.

Más que diagnósticos, circulan interpretaciones. Más que evidencia, posiciones.

Tres narrativas dominan el debate, y aunque todas contienen elementos de verdad, ninguna logra capturar la complejidad del sistema.

La primera sostiene que el sistema colapsó. Es una narrativa potente porque conecta con la experiencia cotidiana: filas, demoras, barreras.

Pero convierte la percepción en diagnóstico estructural. Y ahí aparece la distorsión.

Porque, a pesar de esas tensiones, el sistema sigue operando a gran escala: cobertura superior al 98%, más de 800 millones de atenciones anuales y niveles de protección financiera que han reducido el gasto de bolsillo de manera significativa.

La realidad es menos cómoda que el relato. El sistema no ha colapsado, pero tampoco está bien.

Lo que existe es un desgaste progresivo: márgenes operativos que han pasado de positivos a negativos, siniestralidades que bordean o superan el punto de equilibrio y una presión creciente sobre la liquidez de los actores.

No es colapso. Es erosión.

La simplificación del problema: culpables sin estructura

La segunda narrativa busca una explicación más directa: las EPS.

Bajo esta lectura, el deterioro del sistema se reduce a un problema de mala gestión o, en su versión más extrema, de apropiación indebida de recursos.

Es una narrativa eficaz porque simplifica y moraliza. Pero esa simplificación tiene un costo alto: elimina la capacidad de diferenciar.

Sí, existen fallas. Sí, ha habido intervenciones. Pero reducir un sistema que moviliza más de 90 billones de pesos anuales a comportamientos individuales es desconocer su lógica estructural.

Entre 2017 y 2024, los costos médicos crecieron de forma sostenida por encima de los ingresos reconocidos por la UPC.

La siniestralidad aumentó, el margen operativo se deterioró y las reservas técnicas comenzaron a comprimirse.

Eso no es un fenómeno aislado. Es una señal de desalineación entre el riesgo en salud y su financiamiento.

Cuando todo se explica por corrupción, se pierde la capacidad de explicar el sistema.

El riesgo de las soluciones simples

La tercera narrativa surge como reacción: desmontar el modelo.

Aquí el problema no es la simplificación, sino la confusión. Se confunde el diagnóstico con la decisión. Porque desmontar el aseguramiento no es un acto simbólico.

Es intervenir flujos financieros masivos, reorganizar redes complejas y asumir riesgos sobre la continuidad de tratamientos de millones de personas.

Los sistemas de salud no fallan por falta de intención. Fallan cuando se subestima su complejidad.

Datos sin contexto: cuando la evidencia se distorsiona

Ni siquiera los datos han escapado a esta disputa.

El aumento de las PQRS, por ejemplo, suele presentarse como prueba de deterioro. Pero ese dato, aislado, dice poco.

Las quejas pueden aumentar por expansión de cobertura, mayor conocimiento de derechos o mejores canales de atención.

No todas reflejan fallas estructurales. No todas tienen la misma gravedad.

Sin contexto, el dato deja de ser evidencia.

Se convierte en argumento.

La trampa de las cifras financieras

Algo similar ocurre con la deuda del sistema.

Las cifras —que superan los 20 billones de pesos en obligaciones reportadas— se presentan como evidencia concluyente de inviabilidad. Pero nuevamente, el problema no es la cifra, sino su interpretación.

No es lo mismo una cuenta corriente que una vencida. No es lo mismo una glosa en auditoría que una obligación reconocida. No es lo mismo un problema de flujo que uno de suficiencia.

Y, sobre todo, el debate suele omitir lo esencial: el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas, la presión del alto costo y una inflación en salud que crece sistemáticamente por encima del ajuste de la UPC.

Entre 2015 y 2024, la prima reconocida ha crecido por debajo del costo real en múltiples periodos, generando una brecha acumulada que en algunos escenarios supera el 20%.

Esa es la raíz del problema:

se está financiando el riesgo del siglo XXI con una prima del pasado.

El problema de fondo: narrativas que sustituyen realidad.

El desafío no es técnico. Es conceptual.

Cuando la narrativa domina, las decisiones públicas dejan de responder a los problemas reales.

Responden a versiones simplificadas de esos problemas. Y en ese punto, las soluciones fallan.

No se trata de defender el statu quo.

Se trata de aceptar que la realidad es más compleja que cualquier consigna.

La verdad como punto de partida

La verdad no es cómoda. No cabe en titulares ni en frases cortas.

Implica reconocer simultáneamente que el sistema logró avances importantes —cobertura, acceso, protección financiera— y que enfrenta problemas estructurales de sostenibilidad.

Implica entender que no todo déficit es ineficiencia y que no toda siniestralidad es mala gestión.

Aceptar esa complejidad es el primer paso para una reforma viable.

Cambiar la conversación

Superar el problema no implica eliminar las narrativas. Implica subordinarlas a la evidencia.

El cambio es profundo:

pasar de la consigna al dato, del titular al análisis, de la confrontación al diagnóstico.

No es solo un cambio técnico. Es un cambio cultural.

Liderar con realidad

Existe una tentación recurrente: explicar todo por el pasado.

Esto viene de antes”.

Es cierto. Pero insuficiente.

El liderazgo no se mide por la capacidad de identificar el origen del problema, sino por la capacidad de enfrentarlo en condiciones reales.

Eso exige diagnóstico riguroso, decisiones basadas en evidencia, seguimiento permanente y comunicación honesta.

En una palabra: coherencia.

Sostener la evidencia

Colombia enfrenta un desafío que va más allá del sistema de salud. Es un desafío sobre cómo se construye la verdad en lo público.

Requiere instituciones que abran datos, medios que contrasten información, ciudadanos que exijan evidencia y líderes que estén dispuestos a sostener la realidad incluso cuando incomoda.

Al final, la pregunta no es quién cuenta mejor la historia.

Es quién está dispuesto a sostener la evidencia, corregir el rumbo y responder por los resultados.

Ahí empieza el liderazgo que realmente transforma sistemas.


Más allá del relato: sostener la verdad en medio del ruido

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