Cali, agosto 29 de 2025. Actualizado: jueves, agosto 28, 2025 23:16
Cali bajo fuego otra vez
“Una nación tiene que tratar de comprender las razones de las malas conductas humanas” dice Martha Nussbaum en su texto “Emociones Políticas”.
Es lo que intento hacer desde que estalló en el barrio La Base, a las 2 de la tarde del jueves anterior, un camión con cilindros gas que ocasiona muerte, destrucción, dolor y desolación en cientos de personas y de hogares.
No voy a detenerme en tantos tópicos en los que no soy especialista: fallas enormes en la inteligencia y la seguridad, consecuencias de los enclaves militares en medio de la población, crecimiento desmedido de los grupos armados y criminales en el país… Tampoco voy a plantear de nuevo –lo he hecho otras veces– lo graves de la crisis ética que vivimos y padecemos… Me interesa ahora, tratar de entender qué hay en el alma de esas personas que arman, transportan y activan una bomba que va a cegar la vida de tantos y tantas inocentes; que va a sembrar tanto dolor, tanta angustia y tristeza.
Puedo entender más o menos –no aceptar– la construcción de un “enemigo” como parte de las dinámicas de guerra.
La guerra –toda guerra– es infernal y también inmoral. Pero ¿en qué charcos se hunde la conciencia de quién sabe que con su acción va a asesinar a inocentes niños, jóvenes, mujeres u hombres… que no son, ni pueden ser sus “enemigos”?
Mauricio García Villegas, politólogo colombiano alerta sobre la peligrosidad de asentar la política en el resentimiento.
Igualmente explica las consecuencias de guiarnos por lo que él llama emociones tristes, que son el odio y la venganza. Quizás por estos trazos podríamos encontrar un hilo que nos lleve a esos charcos.
Creo que las sociedades actuales y particularmente la colombiana nos ahogamos en dinámicas demoniacas que impiden cualquier convivencia sana.
Es claro para mí que las desigualdades enormes sobre las que se asienta el mundo son intolerables, pero los caminos hacia la transformación de esta realidad se encuentran hoy contaminados de enfermedades igual de intolerables.
García Villegas, inspirado en Baruch de Spinoza, nos muestra cómo los sentimientos y las emociones tristes se ha apropiado en nuestro país de los horizontes políticos y los han enfermado.
Nos encontramos entonces con que cientos de jóvenes son adoctrinados en sus grupos de acción con emociones plenas de resentimientos, odios, venganzas… Estos sentimientos exaltados y desbordados por las micro-retóricas de sus dirigentes necesitan salir de los pechos en los que crecen y en estas salidas cuanto más daño logren más satisfacción generan.
En estos procesos:
Las personas son transformadas en algo invisible… son percibidos como algo merecedor de odio…
Se niega su existencia como seres humanos con una historia particular, con experiencias y rasgos distintivos… [Carolin Emecke: CONTRA EL ODIO].
Nos movemos entonces en una deshumanización total. Literalmente hablando el hombre se convierte en un lobo para el hombre.
Hay en todo esto una clara responsabilidad de algunos dirigentes políticos: Quizás les resulte muy difícil moverse en el horizonte de un mundo más amable y motivar a sus seguidores no por la confrontación sino por pequeñas utopías que jalonen a la sociedad hacia adelante.
O tal vez ellos mismos padecen las emociones tristes del odio y la venganza. Sólo recuperar las rutas de un horizonte amable, justo, amigable… nos puede sacar de los “charcos de fango” en los que estamos.