Cali, enero 9 de 2026. Actualizado: viernes, enero 9, 2026 10:18
Un nuevo año
Un poco arbitrario pero real: vivimos el tiempo entre finales e inicios que remozan, retan, ilusionan.
Pensaba iniciar mis reflexiones de este 2026 de una manera muy distinta, pero se me vinieron encima los bombardeos en Caracas, la sacada de Maduro de Venezuela y la celebración de mis vecinos venezolanos en el barrio El Jordán… sentimientos y hechos que requieren alguna forma de palabra, palabra muy difícil.
No quiero que estas columnas entren a formar parte de afirmaciones o confrontaciones políticas… quiero quedarme en el ámbito cultural y ético; pero hay momentos de momentos.
En mi texto anterior agradecía la vida cotidiana de tanta gente que “pasa por el mundo haciendo el bien”.
Ahora quiero hablar de los días grises y amenazantes que inauguran el 2026. No voy a hacer análisis de hechos en los que no soy experta, entre otras cosas porque he leído, visto y escuchado análisis mucho mejores que cualquiera de los que yo podría apuntar.
Sólo quiero compartir algunos senti-pensamientos que me habitan.
Considero que Maduro era un dictador y entiendo la alegría inmensa de muchos venezolanos que ven caer a quien tanto daño les hizo… pero sinceramente creo que la convivencia en todos los niveles: micro, pequeño o grande tiene que estar regida por consensos y acuerdos, de lo contrario estamos en la ley de la selva, el más fuerte domina o “sálvese quien pueda” … Considero como decía Helder Cámara que la violencia trae más violencia.
Los países y las relaciones internacionales se rigen por convenios y estos no se pueden romper al juicio de unos pocos sin “debidos procesos”.
Estos convenios hay que respetarlos, los gobiernos deben regirse por ellos y cada pueblo debe decidir y afrontar sus propios destinos.
Estamos entonces en una situación y un tiempo difíciles y amenazantes. Si se rompen las leyes de un lado o de otro, todo puede ocurrir, por eso respiramos temor, incertidumbre, desconcierto… Mis vecinos pasaron de la euforia al silencio, porque una cosa es Maduro y otra muy diferente los pozos reales o potenciales de petróleo. Se respiran amenazas múltiples que terminan de oscurecer el panorama.
Me sumo a las voces de León XIV y de la Conferencia Episcopal Venezolana: Es necesario que el bien común sea el norte de actuaciones y decisiones.
Es necesario invocar la cordura, es obligatorio que los líderes y gobernantes actúen con mesura y busquen caminos de salida dentro de los marcos jurídico-políticos que nos rigen.
Es necesario que los organismos multilaterales asuman un papel eficaz en esta coyuntura.
Por otro lado, me parece definitivo un llamado a la paz. No sólo en esta realidad de la que Venezuela es el eje, hay múltiples violencias.
En este inicio de año, hay focos de violencias, discursos de violencias, núcleos de muerte que muestran su rostro aquí y allá.
Nuestro mundo está enfermo de odio y de violencias… y así no encontraremos la salida. Es importante retomar el camino de la paz, si alguna vez lo hubo.
En Colombia entramos a un año electoral… no veo en las propuestas un fondo que diseñe un camino real de paz y de armonía convivencial que es algo muy distinto a la firma de acuerdos con los múltiples grupos que asolan el país.
Y finalmente también hay que frenar “la guerra contra las mujeres”, según la define Rita Segato… ¿Cómo pueden entender los varones que no se puede tolerar más la discriminación o la subyugación por razones de la diversidad sexual que habita nuestras sociedades? ¿Cómo podemos las mujeres unirnos para mantener lo logrado y avanzar?
Termino con las palabras sabias y repetidas de Gandhi: No hay camino hacia la paz, la paz es el camino.
