Cali, junio 21 de 2026. Actualizado: domingo, junio 21, 2026 22:10
La elección presidencial quedó atrás. Ahora el reto del nuevo mandatario será gobernar para todos los colombianos, superar la polarización y concentrarse en resolver los problemas más urgentes que enfrenta el país
Terminó la campaña: Hay que gobernar para todos
Los colombianos hablaron en las urnas y tomaron una decisión que debe ser respetada por todos.
Terminó la campaña presidencial, terminó la confrontación electoral y pronto comenzará una etapa mucho más importante: la de gobernar.
Durante meses el país vivió una de las campañas más polarizadas de su historia.
No se enfrentaron únicamente dos candidatos, se enfrentaron dos visiones profundamente distintas sobre la economía, la seguridad, la salud, el papel del Estado y el rumbo que debe tomar Colombia.
Pero las elecciones ya pasaron y el nuevo presidente de la República, Abelardo De la Espriella, tiene desde este momento una obligación superior a la de ganar una contienda política: gobernar para todos los colombianos.
Por fortuna dijo que lo hará.
La democracia no consiste en que una mitad del país se imponga sobre la otra. Consiste en que quien obtiene el mandato ciudadano ejerza el poder pensando también en quienes no votaron por él.
Esa es la diferencia entre un candidato y un estadista.
Precisamente una de las grandes dificultades que enfrentó Colombia durante los últimos años fue la sensación de que el país era gobernado desde la confrontación permanente.
El presidente Gustavo Petro privilegió con frecuencia la división entre sectores políticos y sociales, alimentó tensiones innecesarias y dejó la impresión de gobernar más para sus simpatizantes que para la totalidad de los colombianos.
El país necesita ahora algo distinto, un liderazgo que reconstruya confianzas, que genere estabilidad institucional y que entienda que los problemas nacionales son demasiado graves como para seguir atrapados en disputas ideológicas permanentes.
La prioridad debe estar en resolver las crisis reales de los ciudadanos. La primera es la seguridad.
Colombia enfrenta un evidente deterioro del orden público, con organizaciones criminales fortalecidas, territorios bajo presión armada y comunidades enteras afectadas por la violencia. La protección de los ciudadanos debe volver a ser la principal obligación del Estado.
La segunda es la salud. La crisis que hoy padecen millones de colombianos exige decisiones urgentes.
La escasez de medicamentos, el cierre de servicios médicos, la asfixia financiera de hospitales y clínicas y las dificultades crecientes para acceder a tratamientos oportunos no pueden seguir siendo parte de la normalidad.
Por supuesto, ningún gobierno resolverá estos problemas de un día para otro, pero sí puede comenzar a corregir el rumbo.
Y la sociedad también tiene una responsabilidad. Así como corresponde al nuevo presidente gobernar para todos, corresponde a los ciudadanos rodear institucionalmente al nuevo gobierno, ejercer control cuando sea necesario y respaldar las decisiones que beneficien al país.

